«MAMAAAA»

NO QUIERO MÁS…

          Esa era la frase de cada día a la hora de comer… Y más aún si era verano, estabas de vacaciones y los amigos te esperaban en el punto de reunión, pa irnos a jugar por ahí…

          He sido algo trasto de pequeño, lo reconozco, pero creo que no di mucho «caser» (que hacer).

          Y ahí estaba Mi Madre, atenta a todo…

          De pequeño piensas que siempre está en contra de tus planes…:
Todo tu mundo blanco, para ella era negro…

          Casi siempre cocinaba cosas que no te acababan de gustar y no entendías por qué no se podía comer todos los días espaguetis o patatas fritas. No!! Tenían que ser lentejas o habichuelas o cocido o verduras o guisao de pescao o cualquier otra comida típica. «Hay que comer comida caliente», que decía ella. Qué se pensaba que los espaguetis o las patatas fritas, me los iba a comer fríos?? Buuaahhgg!!

          ¿Y la ropa? Jaaa!! Odiaba esos pantalones con rodilleras y más aún si eran de tergal. Y esos jerséis de lana gorda… y las rebequitas de entretiempo, que estrenábamos el Domingo de Ramos.
          Si yo lo que quería eran unos vaqueros molones y una camiseta chula o cuando menos un jersey to guapo y moderno…

          Y cómete toda la merienda… Y si no quieres más, no tires el pan al suelo; le das un beso y lo dejas en la repisa de cualquier ventana (nunca entendí el porqué).

          Y cuando aparecía la Madre enfermera y curalotodo, con esa escandalosa «pócima roja»: La Mercromina, que todo lo cura, ahí con su dosificador ese de gotita a gotita… Aaahhhh y espera que la cosa no fuese más grave y tuviese que echar mano del Agua Oxigenada, que entonces ya te entraban los «temblores de la muerte» y tú con la dichosa cantinela suplicándole: «Ay Mama, no. Mama no, Mamaaa, nooooo… Y ya te había echao un buen chorro, que hacía hervir la herida como un volcán en erupción.
          Pero claro, todos estos cuidados sanitarios no surtían efecto si no iban acompañados del socorrido «Curasana, curasana, culito de rana… Si no cura hoy, curará mañana»
Nos ha jodío!!! Pos claro que curará mañana y las costras en las rodillas, nos duraban una semana larga…

          Y tú, que quieres ser moderno, quieres ser distinto y rebelde… Y allá que un día, después de haberte gastao sinco duros en chicles, llegas a tu casa con los brazos llenitos de tatuajes, bueno mejor dicho, de calcamonías (calcomanías para los más puristas, jejeje). Y tu madre te ve llegar, to flipao y con los brazos como un «tebeo» y Jaa!!! «Ven pacá, pacá…» Derechico a la «pila» del patio, con los brazos bajo el grifo y ella estropajo en mano (que no esponjita), dándote unos rasquijones, que te hacían acordarte de toa la saliva que gastaste, pa ponerte las dichosas calcamonías y que ahora te hacía falta pa poder digerir el amargo trago que estabas pasando, porque dime tú, que aquellos estropajos de esparto… ¡¡Me río yo del nikel nanas de ahora!!

          Y cuántos planes hechos con los colegas, pa salir por ahí o para algún viajecito o escapadita, tirados a la basura porque la Mama no te dejaba o como última opción te decía:
«No vas!! Y sino, a mi déjame tranquila con viajes y viajas… Vas y le preguntas a tu padre…»
Ibas, claro que ibas… Pero total pa na. Ya sabías que la respuesta iba a ser que no o en el peor de los casos te empujaba de nuevo al abismo diciéndote:
          «Lo que diga tu Madre…» El tonto pallá y el tonto pacá y al final na: berrinche, disgusto y encabronao a tu habitación a llorar de rabia, más que «Marco» tal día como hoy.

          Y creces pensando que vives con tu peor enemigo. Deseando «hacerte grande», pa poderte ir de casa y no tener que aguantar a tu vieja, que sólo te pone pegas y hasta llegas a pensar que incluso que la odias…, que no existe nadie peor…, que pa qué te trajo al mundo (por cierto, frase esta última que detesto infinitamente).

          He sido algo trasto y rebelde, lo reconozco…

          Y así vas creciendo… E incluso llegas a «hacerte grande» y hasta se cumple tu sueño de poder irte de casa… Y te vas y todo aquello queda ya muy lejos…

          ¿Y por qué pedí yo aquel deseo? ¿Por qué no me estuve quietesico con mi vida de crío?

          Ahora te das cuenta, bueno ya hace un tiempo que me di cuenta, de que aquel «ogro» con el que convivía. Aquel que devoraba tus sueños y destrozaba tus planes de adolescente rebelde. Aquel carcelero que custodiaba tu infancia… Esa mala cocinera… Esa enfermera «tan cabrona», que más que curarte lo que hacía era agravar tu dolor…

          Esa Mujer… Esa Persona… Esa Madre…

          Ahora, la echas tanto de menos, que te das cuenta de que la sigues necesitando. Que es vital en tu día a día, que necesitas seguir estando preso en la cárcel de sus brazos… Que has descubierto que te gustan las verduras y hasta «la comida caliente». Y que ahora que puedes hacer tus viajes y escapadas, cuando te encuentras lejos, te acuerdas tanto de ella…
          Y fíjate tú, que hasta cuando me corto afeitándome, me acuerdo de su mercromina y no pido que me canten el «Curasana», porque me da vergüenza…
          Y me compro yo la ropa que quiero, pero no puedo evitar mirar con dulzura, esas fotos antiguas con Mis Hermanos, el día de Domingo de Ramos, con la rebequita…

          Pero eso sí Mama, ahora los tattoos que llevo son de verdad, así es que no te molestes y no me mires raro, que el estropajo no te va a servir de nada…

          MI MADRE…

          Indispensable, Importante y necesaria a más no poder en mi vida. ¡¡Te debo tanto!!!

          Me trajiste al mudo para que echase a andar y no te diste jamás por vencida…

          Y andé, al final andé… Por a Ti y gracias a Ti.

          Y seguiré haciéndolo siempre cerquita tuyo y si me alejo, no te preocupes que volveré…
          …Andando.

          ¡¡Te Quiero Mamá!!

          ¡¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!!

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