Y ahí estaba ella, apoyada en el quicio de la puerta, «boquiabierta», como si le sorprendiese lo que estaba viendo…
Mi primer «Bis a Bis», obligado por mis allegados, a mantenerlo con el fin de hacer mis días aquí en la penitenciaría, más llevaderos…
Y digo yo, ¿un bis a bis? ¿Con quién, si no tengo pareja reconocida?
Bueno, como esto ha sido más bien cosa de una buena amiga y en complicidad con mi hermano, digo igual me traen un peasso pibón, aunque sea de pre-pago y me desfogo un ratico…
Ingenuo de mí, me cago en mi pena negra. Pos no aparece mi hermano con «La Virtu», una vieja Muñeca Hinchable, que es casi como de la familia, pues está en casa, seguramente dormidita en un baúl del desván, desde la despedida de soltero de mi hermano. Pero a pesar del tiempo la reconocí… Algo desmejoradita, con cuatro pelos que le quedan y algún que otro parche de bicicleta, pintarrajeado con boli azul a modo de tattoo, con el fin de disimularlos… En fin, que hice de tripas corazón y como estoy más desesperao que Spiderman en un descampao, al final accedí a ese bis a bis y aquí os dejo el relato de lo que aconteció esa tarde noche:
****Los comentarios que se vierten a continuación pueden herir la sensibilidad del lector ya que contienen escenas de sexo explícito y situaciones de extremada sensualidad y lascivos comentarios. Os advierto que aquello de los 2 rombos de antaño se queda corto para lo que vais a poder leer a continuación y que lo de las «50 Sombras de Grey» es el cuento de Bamby o del Principito en comparación con este relato****
… y ahí estaba ella, apoyada en el quicio de la puerta, con una pierna apoyada en el marco, como si fuese una grulla, que yo me creía que era el «San Roque» que hay en la rotonda de callosa… Y de repente, una polsaguera de humo apareció detrás suya, como si de «Lluvia de Estrellas» se tratase y digo: -no me jodas que ahora aparece Bertín Osborne o la Mélody cantándome la de «Los Gorilas»-.
Total, que como si de la nada surgiera, aquella vieja Muñeca Hinchable parcheada, empezó a tomar vida y forma humana y adquirió movimiento… ¡¡¡¡Vaya tela!!!!
De cabellos cobrizos, casi PeloFanta diría yo, con esos morros pintados de color «rojo chorizo» y esos ojos con unas pestañas largas como las de una Llama y esos párpados pintados con sombra negra tizón, tan redondeada, que parecía un oso panda. Ahí estaba ella…
Pero niña, cierra ya la boca, que se ta quedao el gesto, que parece que estás haciendo «rollitos» con el humo del cigarro y ta dao un paralís en los morros. Menos mal que no se le había quedao la boca girá pa un lao, que si no diría que era la mismísima María Jiménez.
Qué fea la hijaputa, si es más fea en persona que de muñeca, cago nel copón. Además, tiene una boca que parece una partida de dominó, un diente sí, un diente no. Qué buena sería pa chiflarle a las cabras. ¡¡La virgen!!
Vestida con una camisa de franela portuguesa, tipo leñador, atada con un nudo a la altura del ombligo, que más que ombligo, parece que tenía un Tortellini hervío, ahí estaba ella. Con unos leggins negros que yo pensaba que eran de marca y al preguntárselo, la hijaputa me respondió:
– ¿Que, qué marcaaa? Pos qué van a marcar…, tol coñoooo, niño. ¡¡Su putamadre!!
La vestimenta la culminaban unos Bambos de la Tórtola y unos calcetines a rombos. Vamos, que a mí no se me levantaba ni poniéndome corrientasos de 220 voltios en la punta el nardo. Pero espérate que no he terminao… Allá que empieza a desnudarse y válgamel señol. Un sujetador de esos color carne, abrochao atrás con media docena de gafetes, con unos tirantes de esos anchos, que parece que llevaba un paracaídas y con las copas de punta, tipo madona. Una braga-faja de cuello vuelto, por supuesto que de color carne también, que si la coses por un extremo, le caben más melones que en un saco de esos de rafia, de los que ponía Nitrato de Chile. La puta que la parió, que mal rato me hizo pasar con el dichoso estreeptis.
Bueno, que total que me santiguo tres veces y hasta me hago la «señal de la cruz», que casi me saco un ojo, de lo deprisa que la hice y me aventuro a una sesión de sexo desmedido y desenfrenado, con la que parecía el primer aborto de Carmen de Mairena. To sea por complacer a la familia, cagondió!!
En eso que empezó a besarme como un cherro esmayao y a morderme las orejas, ansiosa como un Gremlin húmedo y poco a poco fue bajando… Se detuvo en mis pezones y me pegó un chupón en uno, que me lo dejó como una gominola masticá, ¡¡me cago en la calavera de su puñetera madre!!
Total que le digo que si no era mejor practicar «sexo oral», refiriéndome a que podíamos ponernos a hablar de sexo y «aleluya, aleluya», cada uno con la suya, ¿no?
Pos maldita la hora que le propuse eso, porque la puerca se empeñó en hacer el 69 y a mí me vino a la cabeza la experiencia que mi compañero de celda Jesús Norris, bueno, Chus, que luego se mosquea, me contó:
El tema es que me contó que la primera vez que hizo el 69 con su novia, él no tenía ni puta idea y se dejó llevar… Y allá que ella le explica la postura y se ponen uno pallá y el otro pacá y en eso que él arrima la trompa al tema y la guarra se suelta una «sorda» (véase capítulo III), en to el careto. Él retira la cara ipso-facto, con to el bigote humeando y los ojos desencajaos y ella va y le dice: «Ay Cari, lo siento, se me escapó, sigue, sigue, por favor, que no volverá a pasar». Alla que él vuelve a arrimar el hocico al «papo», to desconfiao y en eso que va la pécora y se suelta otra «sorda» y lo deja más bizco que Claranza, el león y con unas arcás, que estiraba el cuello más que una merla en un nío pidiendo «chiche» y en eso que va el hijoputa y le dice:
Sabes lo que te digo, que los otros 67 se los va a comer tu puto padre…
Bueno, total que consigo quitarle de la cabeza a «La Virtu» la idea del 69 y trato de ir directo al grano, con el fin de perderla de vista y terminar el suplicio en que se había convertido la dichosa idea del «bis a bis».
En fin, que la pongo en la cama y le digo que se ponga a cuatro patas que eso me ponía más berraco… Se puso más henchisá que un tonto con una tiza y una gorra a cuadros.
Me pongo detrás de ella y con el fin de disimular y darle realismo, me pongo a acariciarle el lomo como si fuera un «pastor alemán» y a tocarle los muslos que tenían más grumos que un plato de «gachas» mal hechas y cuando ya la tengo más caliente que el tubo escape de una Mobilette, extiendo la mano hasta la capasa que tenía en la mesilla de noche y agarro un Moniato Asao, que llevaba allí desde el primer día y le endiño con él en to el potorro y se puso a aullar como un chacal y en esas que del susto me hice patrás y me caí de espaldas y me di un chincharraso en la nuca y cuando me desperté, resulta que estaba vestío de novio junto a la feto de «La Virtu» en la Capilla de la Penitensiaría, delante de un cura tuerto y un monaguillo con una pinta pajillero que la flipas y a punto de contraer matrimonio…
Lo que pasó hasta llegar ahí, no consigo recordarlo, pero os aseguro que desde aquí os culpo a todos vosotros, por no hacer nada y por dejarme aquí otra semana más…
Y os digo más, ese día no desayuné y mira que había Torta Boba y Paparajotes…
Dulce Lokura la mía… que no entiendo cómo andáis sueltos…


