CAPITULO X: «UNA ERMITA…, SIN CURA Y UN LOCO…, SIN CURA (NI REMEDIO)»

Y llegó el momento… El curro me va de puta madre y he ahorrao más perricas que un sagal después de la comunión (por cierto, la Comunión: «ese día en el que está permitido que los curas les den  vino y hostias a los sagales…» Así nos salen luego…). Bueno, incisos aparte, deciros que después de currar a piñón, yendo de casa en casa, andando más que un cartero en el Sahara y traqueando más puertas que un pedigüeño, he guardao pa poder permitirme el tomarme unos días de relax y he decidido que sería buena idea dejarme caer por La Vega y ver a la familia y a los amiguetes, porque mira que es estresante y sorprendente mi trabajo, porque la verdad es que me encuentro de to, cada vez que llamo a un timbre y me abren…, uuuufffffff.

        Y como siempre, me viene al pensamiento una anécdota que me contó mi amigo Chús (Jesús pa sus enemigos), que dice que cuando era joven se apuntó a los «Testículos de Jehová», porque le hacía ilusión ir en «cuerpo camisa» los domingos por la mañana, visitando casas. Pos total que me contó que un día iban por el Camino Viejo de Callosa, a las once de la mañana, con un sol pa coger higos de pala que lo flipas y después de cuatro horas pateando «vereas»,  tratando de captar fieles (y es que esta gente mira que madruga los domingos, cago nel copón), pos total que al llamar a la puerta de una de las últimas casas que les quedaban por visitar en ese barrio, les abrió una vieja, que apareció vestía con un chándal de algodón de color caqui, con las rodilleras más señalás que las arrugas de Sara Montiél, la goma de la cintura más holguera que el pantalón de Obélix, con una camiseta de color verde apio, que creo que era de marca, porque ponía delante en letras con brillantes: «Vitorio y Suprimo», con cuatro rulos puestos en la cabeza, los morros pintaos de color rojo rábano y los ojos pintaos de negro, como un oso panda y fumándose un «caliqueño»… Allá que los invitó gustosa a que pasasen adentro y una vez en el salón, Jesús y su compañero (un sagal con una pinta pajillero que no veas), se miraban entre sí y luego miraban a la mujer y se volvían a mirar los dos… y uno silbaba y el otro miraba al techo y así una y otra vez, hasta que la señora les preguntó:

        – Bueno, qué. ¡¡Decidme algo!! Qué es eso que me queríais decir, tanto insistir, tanto insistir, que to los Domingos me despertáis al gorrino, a las gallinas, y hasta un gato que tengo disecao…?

        Y es entonces cuando ellos le contestaron: ¡Ahhh, pues no sé, como nunca nos abre nadie…!

        Y es que mira que es raro conocer a alguien que te diga que un Domingo le ha abierto la puerta a los de Jehová (qué mala gente somos, sabiendo que saben que estamos detrás, jejejejej)… Eso es como conocer a alguien que te diga que trabaja en Nocilla…, vamos, no se sabe ni ande está la fábrica, con eso te lo digo to.

        Bueno, pues volviendo a lo que me ocupa… Una vez tomada la decisión, me puse mi mejor traje y mis avalorios, me peiné como dios manda, me puse mi mejor perfume, «Chispas» (mi primera colonia) y unos calcetines que me regaló mi hermano Manuel, sí, de esos de la banderica, que ara no me sale el nombre…, ahhhh sí, ya macuerdo: «Tony Gil Figue». Me hice la maleta y en ella metí mis ilusiones, mis recuerdos, mis ansias por el reencuentro y un par de mudaos, otro traje que tengo de «Emilio Cuchi», que robé en El Corte Inglés, una camisa de seda virgen, de la marca de esta que su hermano hace un programa de radio, coñe sí, este del bigote… Carlos Herrera, pos su hermana la pequeña, «Carolina Herrera». También me eché a la maleta un abrigo mu guapo que me encontré en un contenedor que había detrás de una tienda de ropa de la Gran Vía y que también creo que es de marca, sí, creo que es de «Desigual», porque tiene una manga más larga que otra, un bolsillo en el lao derecho y una hombrera en el izquierdo y un botón sí y otro no y donde tiene botón, no tiene ojal, así que más Desigual no puede ser. Ahhhh y por supuesto que mi colección de calzoncillos de «Dulce Gabanna». Tengo también una camiseta de esta diseñadora que creo que es valenciana y puta y que trabaja en Nueva York, a ver cómo era que se llamaba, connio, que tengo hoy la memoria trastonná…, ahhh sí, «Dona Cara New York». Si lo dice el nombre:  Dona, mujer en valenciano y Cara, pos eso, de caro, del verbo costarmucho y lo de N.Y., pos será eso, que trabaja allí. Y por último, por no hacer mu extensa la lista, no podía faltar mi pijamica de corazones, que no podía ser de otra que de la puerca esa, que la verdad, me cae como el culo, pero que hay cosicas que diseña que tienen su gracia, «La Gata Ruíz».

        Y con todo listo, me fui camino de la estación de autobuses con la idea de montarme en el primer autobús que saliese con destino a la costa, a mi tierra. Y bendita suerte la mía, porque justo al llegar me encontré con una excursión del INSERSO, que iban de viaje pa Benidorm y digo, pos coño, aunque no me dejan en la puerta mi casa, pero estos ansianicos igual me acercan y ni me cobran. Pos dicho y hecho, allá que les pregunto y les faltó tiempo a dos viejas a cogerme cada una por un brazo y subirme parriba con ellas… Pero visto lo visto y que las dos me miraban con ojos de borrega degollá y con más falta de rabo que el perro de San Roque, pillé y en cuanto sescuidaron me senté junto al chófer. El Chófer, pobre hombre, que aguantó to lo que le vino encima. Fíjate, que se tiró desde que salimos de Madrid, hasta casi Albacete comiendo Cacahuetes… Cacahuetes que cada diez minutos le traía una ansianica de las más cuquis, con una carica de abuela güena que no veas… Y venga grapás de cacahuetes y venga y otro puñao, que creo que ya hasta se le hacía bola al chófer, hasta que llegó un momento que le dijo a la vieja:

        – «Señora, muchas gracias, pero no quiero más cacahuetes pelaos de esos. Además, paé que los noto un poco reveníos y una miaja húmedos. ¿Está usté segura de que no están pasaos?»

        Y va la mujersica y le dice:

        – «Pasaos? Noooo, que vaaaaa hijico. Además no son cacahuetes pelaos, son «Conguitos» de chocolate, lo que pasa cariño es que nosotras sin la dentadura no podemos masticarlos y na más que les chupamos el chocolate…»

        Jajajajjaajaj, si viérais la cara del chófer¡¡¡¡ Se tiró desde Albacete hasta Benidorm dando unas arcás, que parecía un pavo fatigao y la cara le cambiaba del blanco al rojo y del rojo al morao y del morao al amarillo, como si fuese un camaleón metío en un parque de bolas de esos de los sagales.

        Y tras cuatro horas de viaje llegamos al destino y en una horica más ya me había plantao en mi querida tierra, la Vega Baja… Lo tenía claro, lo primero que iba a hacer antes de na, era pegarme un homenaje y meterme entre pecho y espalda una buena comidica, con su cafelito y su Gintonico de esos preparaos, y qué mejor sitio que a ca mi Gran Amiga Eva, en La Ermita…

        Y allá que me fui… Nada había cambiado, todo estaba prácticamente como la última vez que fui: Unos cuantos guirys en la terraza cañeando, al fondo en una esquina, dos «maires» desayunando y dentro, dos parejas más sentadas en las mesas esas que llevan el «Serpentín con el cuentalitros» y en una de ellas había uno amorrao al grifo como si fuera un cherro mamando de una borrega… En la barra, a este lado, dos pibones: una rubia y la otra morena (nada es lo que parece) y al otro lado, ahí estaba mi amiga Evica, seria, como si un gato le hubiera robao una bandeja de boquerones en tempura, pero eso sí, más grasiosa que la Abeja Maya con los rulos puestos. Y en la esquina de la barra, no podía faltar… Ahí estaba Paco, mi Amigo Paco, con el semblante serio, pendiente de su celular, tomándose un no sé qué y más tranquilo que La Casa de la Pradera a la hora de la misa… Por otro lao la hermana de Eva, Angela y Mayte, su madre, entrando y saliendo de la cocina, haciendo más viajes que una cuchara y pendientes de que la comida y los postres estuviesen listos para servirlos al instante …

        Entré por la puerta y la primera mirada con la que me crucé fue con la de Eva, que se quedó tan sorprendía que los ojos se le quedaron como a Candy, Candy. Nos saludamos, saludé a Paco y al resto de la gente, pero eso sí, tratando de disimular y de no levantar sospechas, porque la vida me ha enseñado que uno no se pué fiar de nadie. Nada ni nadie es lo que parece…

        Una vez saludado el personal, me volví a fijar en los dos pibones de la barra y cómo follo menos que el gato del Vaticano, digo voy a ver si tiro la caña y pesco algo… Total que me arrimo a las dos guayabas y digo a la morena:

        – Icaaaa, ¿estudias o trabajas?

        Y me contesta: ¿Acuáloooo?

        Y digo:  Na, na, que dónde trabajas, pero déjalo…

        Total, que me siento en una mesica, con más hambre que Falete en ayunas y me pido una cañica pa refrescarme y mi platico de jamonico ibérico, acompañadico de su pan de cristal, unas cocreticas, unos boqueronicos en tempura, unas alcachoficas gratinaicas, que a la Mayte le salen que están pa ponérselas uno debajo el cabeserón y estar oliéndolas y chupándolas toa la noche, ¡¡¡¡uuuummmmm!!! Luego de segundo un solomillico al punto, que cuando te lo traen, se pone uno a babear como Homer Simpson; también una güena ensalaica y mi postresico casero de la Angela, cafetico y ya pa rebajar to lo que me metí zampé, que terminé más hichao que los tobillos de Monserrat Caballé después de una maratón, ahí me pedí mi Gintonico preparao especialmente pa mi menda, por mi Evica…

        Y con las cervecicas, un vinico que también me tomé y el Gintonico en la mano, me animé y me fui de nuevo pa la barra a intentarlo otra vez con los pibones, que to hay que decirlo, no habían dejao de mirarme en toa la tarde, pendientes de mi como si quisieran tema… Total que esta vez les fui más lanzao y fui directo al grano y le dije otra vez a la morena:

        – Icaaaaa, ¿bailas?

        Y me dice rotundamente: ¡¡¡¡¡¡Noooooo!!!!!!

        Y le digo yo: ¿Y esooooo?

        Y me contesta:  Y eso tampoco… y es mi amiga.

        Total, que al final, me doy por vencido y pasé de ellas, porque además no me daban buen rollito del todo, tanta miradita, tanto cuchicheo…  En fin, que al final decidí despedirme del personal, porque todavía tenía que acabar de llegar a ver a la familia y los amigos y tenía que hacerlo más bien al anochecer, para evitar que alguien me pudiese reconocer…

        Abrazos, besos, palmaditas, risas, Jose pallá, Jose pacá y yo, shhhhhhhhhhh, que soy Facundo, Facundo Cantó, que no me podéis llamar Jose, pero claro, la costumbre es lo que tiene. Así que cuando ya me había despedido y antes de irme, entré un momento al servicio a hacer un «pis» y justo detrás de mi entran la rubia y la morena también al aseo de los tíos y digo: ¡Joder! Si al final voy a pillar cacho y to… Ya decía yo que tenían cara de putones y es más, no entendía cómo se podían resistir a mis encantos… Y Yo más emosionao que Pitingo en la sección de gominas del Mercadona… De repente:

        ¡Queda usted detenido!

        Puede guardar silencio.

        Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra.

        Tiene derecho a un abogado…

        Y es que nada ni nadie es lo que parece…

        CONTINUARÁ…???

        Dulce Lokura la vuestra, porque la mía no entiende de Don Quijotes… ¡¡Besos!!         P.D.:  Cierto es que muchas de las cosas o personajes que aparecen en esta «Dulce Lokura», son ficción, pero en este caso «LA ERMITA», es real y está en Algorfa. He querido hoy hacerles este pequeño homenaje, como agradecimiento, sobre todo a Eva y Paco por su incondicionalidad y por seguirme y animarme a seguir. Os lo prometí… Gracias siempre por el trato que me dais cada vez que entro en vuestra casa. ¡¡Sois Geniales!!

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