CAPITULO VIII (ACTO ii): «1880, EL TURRON MAS CARO DEL MUNDO… Y YO NO TENGO NI PA CASTAÑAS»

Acto Primero:  «Ya llegaá la Navidaaaaaá…» (Que lo dice la Montse…).

        Ya ha pasado una semana desde que me fugué de la Penitensiaría… «El Talones» se despidió de mi dándome un «cabe» en la coronilla, con esos nudillos arrugaos que tenía, que parecían nueces de California y deseándome suerte pa los días venideros…

        En el trayecto la Derby se portó bien y nos llevó hasta la capital sin apenas problemas. Me dejó en la costera que baja pa la Estación de Atocha. La verdad que la moto estaba toa guapa y el cabrón del Silvestre la llevaba maqueá y con las pegatinas de casa aún  y to. Fíjate que justo cuando paramos, habían dos sagales de estos flipaos, en un banco y uno de ellos le dijo al otro: «hotia tío mira cómo mola la motaca esa colorá…»

        ¿Colorá hijoputa? Si es Gris Perla, lo que pasa es que sa calentao un poco subiendo de Vallecas pacá…

        Bueno, el tema es que ya han pasao unos días y de momento quiero disfrutar de la ansiada libertad y de respirar el aire libre, pero se me está haciendo difícil por momentos. Tengo menos perras que el Monopoly de Carpanta, paso más frío que la Chicholina en Siberia y tengo más hambre que Falete encerrao en un balcón. Aquí la gente va a su puta bola, eres uno más o más bien uno menos. Tuve que ponerme manos a la obra y como me dijeron una vez: «Donde fueres, haz lo que vieres…» Y eso hice.

        Ya que estaba en la Estación de Atocha y que por allí pasa más gente que por el Erosky cuando lo abrieron en Orihuela, me cogí un bote y un cartón y con una cagarruta de perro seca escribí: «POR FAVOR, UNA LIMOSNICA, POR EL AMOL DE DIOS». Diecisiete horas pasaron hasta que me echaron los primeros cinco céntimos. Hasta entonces, sólo había en el cacharro una chapa de Cerveza Skol, dos colillas de Ducados, un sugus masticao y una mearrá de perro que me plantó el chucho de un ciego, que iba vendiendo cupones, mientras di una cabezaica. Ara, que al hijoputa le dejé el bastón que parecía de diseño, to doblao y arqueao, fashion, fashion…  y al perro le pegué con la goma del tirachinas en to los güevos y aullaba más que el Lobo de Crepúsculo. Si es que no respetan na…

        Pero no te lo pierdas, que al lao de mi se puso media hora un moro que dice que venía de Portugal haciendo la «Ruta de los Pedigüeños» y el cabrón en na de tiempo ya llevaba dieciséis euros en el bote y sesenta y siete en el bolsillo. Digo, ¡¡cagondió qué hostias ha puesto el moromierda este en el cartel, que la peña se emociona y to al echarle las perras…!! «UNA AYUDA POR FAVOR, ES PARA COMPRAR UN BILLETE Y VOLVER A MI PAIS». Claro, la gente deseandico. Luego dicen que no somos racistas y la verdad es que si lo miras bien, tampoco es ese el adjetivo, yo diría más bien que lo que hay que ser es ordenao: Los españoles en España, los alemanes, en Alemania, los cuati-cuati en Cuatilandia y los Moricos en Marruecos, cada cosa tiene su lugar, ¿no?

        En fin, que como eché la «peoná» y no me saqué ni pa chupar la tapa de un Danone, decidí buscarme la vida como fuese, porque llevaba tres días sin comer y parecía ventrílocuo del ruido que me hacía el estómago, que parece que platicaba conmigo mismo… Lo primero que hice fue «ir de caza» y dónde mejor para ir de caza en Madrid que al Parque del Retiro, a las seis de la tarde, que está lleno de sagales y que es cuando van tos con la merienda… Y así fue. Sagal que pillaba descuidao, calvotaso que le daba y ale, el Bollycao pa mí.

        Que salía uno corriendo a por la pelota: Chiiissst, eh tú, mañaco, ¿qué llevas en el pan? Trae pacá.

        ¿Que no? ¡¡A que te jarro la pelota y te tocas la picha!!

        ¿Mortadela con olivas? Tu paire está parao, ¿no? Venga va, tonces  tú no, otro…

        Icooo, ven tu pacá… ¿Eso que llevas es un Chole de chocolate? Trae, que con el chocolate te salen granos y además vas sobrao, que le pareces a Rigodón, cojones.

        Y así me pegué un banquete esa tarde, que fue el copón. Eso sí, de jamonico del güeno; de bocadillos con pechuguica de pavo; de una buena tortillica fransesa de tres huevos o de esos bocatas con seis o siete rodajas de companaje, na de na… Estos sagales de hoy, na más que comen bolletes y golismería, así que así están, que cuesta menos saltarlos que rodearlos.

        Y es que esto es la pescadilla que se muerde la cola, porque con las pintas que llevo, inspiro menos confianza que un cura empalmao y así ni consigo curro, ni me dan limosna, ni me dejan dormir en ningún portal de algún edificio medio decente ni na de na. Llevo sin ducharme desde que tuve el bis a bis en el trullo y me pica la cabeza más que a un sagal con varisela.

        Fíjate que el otro día me metí a una iglesia y le dije al cura que me quería bautizar, que de pequeñico no me bautizaron y me había dado cuenta que había visto la luz y que quería ser cristiano de esos. Y el hombre que parecía buena persona, pos me vio tan convencío que me dijo que sí. Total, que cuando me echó la primera chorrá de agua y dijo no se qué de su padre y de su hijo y de un espíritu que había por allí, voy y le digo:

        ¡¡Espérese usté!! Me saqué un bote de champú que había robao en un supermercado, me eché un «ojico» en la mano, me lo restregué bien por la cabeza y le dije: Ale, siga, siga, póngame el nombre rapidico y écheme un par de casicos más de agua sagrá de esa, que me enjuague bien… Mala hostia me dio el hijoputa y no de esas de pasta que llevan los almendraos, no. Un copón en el pescuezo, que me di con los morros en la pileta y me dejé las paletas como el cantante de Duncan Dhu. Salí de allí con la cabeza toa enjaboná, con los ojos tos enrojesíos, llenos de champú, que me escosían más que su putamadre y pa colmo como no me veía, me tropecé con el atril ese de las velas que encienden pa las promesas y me quemé las manos y el chándal de táctel y parecía que venía de grabar el video del «Thriller» de Michael Jackson, con toa la cara tinná y los morros hinchaos del chincharraso…

        Luego dice mi maire, que es que no voy a misa y el señor me va a castigar… ¡¡Más aún copón!! Si pa una vez que entro y man dao una jamansa que se me han quitao las ganas pa to los siempres.

        Y así voy, con más mierda encima quel palo un gallinero y más manchas que Colombo y con un olor a sorro, que valgamelseñol. Una mezcla de olor a choto, con ligeros toques de humo de hoguera y un peculiar aroma a sobaco, con bafás  a  cebolla rancia y humanidad… En fin, que le pego un abrazo a una mofeta y se pega el animalico una panchá a llorar que no veas.

        Con esto me viene a la cabeza una anécdota que me contó Jesús Norris, digoooo Chus, Chus, mi compai de celda, que dice que un día le tocó una caja de condones de sabores en el Pryca y por la noche le dijo a su mujer: Sunsionín, amo a cenar y aluego amo a jugar a las adivinanzas con la caja de Perseverativos que nos ha tocao.

        Y dice ella: ¿y eso cómo es que se juega?

        – Pos na, que nos metemos al cuarto, apagamos la luz y yo me pongo una gomita y tú me la chupas y me tienes que adivinar el sabor… Na más que eso, jejeejejeje, ya verás, ya verás…

        ¡¡Ahh, pos vale!!

        Total, que dice Chus que apagó la luz y va la Sunsionín y dice:   «Choto al Roquefort».

        Y salta él y le dice:  ¡¡Pero japuta, espérate que me ponga la goma, connioooo!!

        Y es que hay gente pa to.

        Y así pasaron un par de días y visto lo visto decidí irme pal centro, pa la zona de la Puerta del Sol, la Gran Vía y aquellos barrios de gente más pudiente y con mogollones de tiendas, a ver si cambiaba mi suerte…

        Y una vez allí…

        Copón, ¡¡cuántas luces y cuánta peña por las calles!!

        Y es que no me acordaba que estábamos ya metidos en Navidá… Y yo no me había comío todavía ni una mantecá, ni siquiera un almendrao duro, de esos que se quedan el día 7 de Enero todavía en la bandeja que prepara la mama. Quién los pillara ahora…

        Acto Segundo:  «Nana nananá, nanaaana…» (Ya lo decía Raphael…).         Continuará…

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