«A MI SÚPER MADRE»

En Catral, a -1 de Junio de 2019…

            Y es que de un tiempo a esta parte, para mí los años han pasado a tener testimonialmente, 353 días. 353 días porque todos los meses desde entonces, siempre los empiezo con menos uno. Menos uno de Enero, menos uno de Febrero, menos uno de Marzo…, y hoy como os decía, para mi es -1 de Junio. Menos uno, porque estáis todos. Todos los que me importáis. Todos menos uno: Mi Padre, un referente en mi vida y que no sólo ya no está y al que echo de menos, sino que necesitaría muy mucho que estuviese hoy aquí conmigo.

De Él creo que he heredado muchas cosas que me hacen sentir orgulloso: su lucha, su tesón, su valentía, su sentido del humor, su carácter e incluso aunque muchos no os lo creáis, su mala hostia, para cuando hace falta.

            Pero no, no lo quiero recordar con tristeza. Todo lo contrario. Hoy quiero recordarlo con alegría, con risas, con cachondeo, como a él le gustaría. Porque os aseguro que hoy con Él aquí, la fiesta ganaría mucho.

            No obstante, hoy el principal homenaje quiero que sea para la persona más importante de mi vida por muchos motivos, pero sobre todo porque sin ella, yo no estaría aquí: Mi MADRE.

La mejor Madre del mundo. Sí, ya sé, para cada uno de vosotros, vuestra madre es la mejor madre del mundo y eso no os lo voy a discutir, pero es que me lo vais a permitir, pero Mi Madre, además de ser para mi La Mejor Madre del Mundo, es una Súper Madre. Una Súper Madre, porque es de las pocas mujeres que ha sido capaz de “parir” dos veces a la misma persona. Bueno, a ver, cuando digo “parir”, bien me podría referir mejor a “dar la vida”. Y es que esa persona a la que Mi Madre ha dado dos veces la vida, casualidad que soy yo y os lo quiero contar, como parte esencial de este merecido homenaje:

            Era una fría mañana de Enero del 72, en la no menos fría y preciosa ciudad de París.

            En casa, Mi Madre sola y con síntomas evidentes de estar de parto, motivo por el cual mi Padre se había ausentado, para ir en busca de una ambulancia. Pero bueno, lo de estar sola le duró bien poco.

            Antes de que se diese cuenta y por supuesto antes de que llegase mi Padre, allí me presenté yo, con cara de sorpresa y he de reconocer que también un tanto decepcionado. Sí. Para que os hagáis una idea, os relato un poquito cómo fue aquella escena:

            Máma, ¿solos Tú y yo? ¿Ni una triste enfermera? Por no estar, no estaba ni el doctor para darme el azotazo y que me arrancase a llorar. Joer, pero si hasta me tuve que pellizcar yo en la ingle para poder hacerlo.

            Pero Máma, y la peña, ¿dónde está? Pero si no hay nadie. Pero ¿qué clase de parto es este?

            Qué falta de organización, desde luego. ¿Pero no habíamos quedado que a las 6 tenía que salir?

            ¡Cómooo! ¡Que me dijiste a las 10! Pues y ahora qué hacemos, ¿me vuelvo otra vez pa´dentro?

            Bueno, total que al cabo de unos minutos apareció mi Padre con la ayuda. Cogí el bolso con mis cosas, mi primer sonajero, me puse el chupete y nos fuimos al hospital a terminar con los trámites de mi alumbramiento.

            En fin, bromas aparte, pero os aseguro que la historia que os acabo de contar se asemeja muy mucho a lo que ocurrió en realidad, salvo ciertos detalles, un tanto exagerados por mi parte, pero es que yo soy así y no lo puedo evitar. ¡Dulce Lokura!

            Total, que ahora ya más en serio, unos 6 meses más tarde y casualidades de la vida, tal día como hoy, 1 de Junio, mis Padres, junto con mis Hermanos y yo, hicieron las maletas y se volvieron de vuelta a España.

            Y aquí es donde Mi Madre, podríamos decir que me volvió a dar a luz por segunda vez, ya que apenas dos meses después de nuestra llegada, la vida le dijo que no. Que yo hasta ahí había llegado, que mi viaje de la vida llegaba a su fin y que me tenía que marchar. Decisión ésta, confirmada por los tres médicos, que en su día me diagnosticaron la enfermedad, que por causas del destino o de lo que fuese, me había tocado sufrir en suerte.

            Pero los días pasaron y mi evolución, si bien no fue a mejor, tampoco es que empeorase. Dejémoslo en que se estabilizó, hasta el punto de que todo apuntaba a que en principio, no me iba a terminar de marchar, eso sí el diagnóstico que le dieron a Mi Madre fue que si finalmente me quedaba, jamás iba a poder caminar por mí mismo.

            Fue entonces, cuando Ella decidió que eso estaba por ver. Y ahí es cuando para mí, se convierte en la Súper Madre que os he dicho que es. Sin capa, sin súper poderes, pero con todo el valor y el amor que una madre puede dar a su hijo, comenzó una lucha diaria de idas y venidas, llamadas a puertas, visitas a médicos e incluso hasta curanderos y no sé yo si hasta algún que otro brujo o hechicero, pues allá donde le decían que podía haber un atisbo de esperanza para mí, allá que iba, aferrándose a cualquier clavo ardiendo, por muy surrealistas que a veces fuesen las propuestas ofrecidas, todo con tal de conseguir que lo que aquel médico le había dicho sobre mi futuro, no se cumpliese.

            Después de muchísimo sacrificio y no menos esfuerzo, no sólo consiguió que yo fuese capaz de andar por mi mismo, sino que yo diría que fue más allá e incluso viendo hasta donde he llegado, creo que hasta en algún momento consiguió hacerme volar.

Sí, volar, porque de lo contrario creo que sólo caminando, yo jamás habría podido llegar hasta aquí y conseguir todo cuanto he conseguido en esta vida y por supuesto, ser quien Ella ha conseguido que yo sea.

Y aquí me encuentro, emocionado pero feliz. Endeudado de por vida con Ella, porque ¿cómo pagar todo cuanto ha hecho por mí? Ni viviendo mil vidas más, podría conseguir devolverle todo lo que me ha dado. Y no se me ocurre nada mejor para poder, cuando menos corresponderle, que decirle:

            “Mamá, Amor con Amor se paga”. Y te aseguro que si con Amor puedo devolverte una ínfima parte de todo lo que Tú me has dado, no dudes que jamás te ha de faltar.

            Gracias por hacer de mí, la clase de persona que creo que soy, porque nada más reconfortante que el ver en los ojos de una madre, el orgullo que siente por su hijo y créeme que aunque algún día los cierres, yo lo seguiré viendo.

            Y gracias también por cuidar como cuidas y de tratar como tratas a la persona que ha decidido hacer junto a mi el resto del viaje de mi vida. Porque, aunque sé que una madre es insustituible, también sé que en Ti, ella no sólo ve a su suegra, sino que también ve a esa Súper Madre de la que yo tanto y tanto le he hablado.

            Gracias, Gracias, Gracias Mamá. Te Quiero Muchísimo.

Y como final a este homenaje, creo que es merecido también el aplauso de quienes hoy te han conocido un poquito más y han entendido con mi “historia”, cuánto es capaz de hacer y conseguir una madre por su hijo… ¡Eres todo un ejemplo!

¡Ojalá el mundo tuviese más Mujeres como Tú!

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