Soy yo, ¿te acuerdas de mí?
Seguro que sí!!
No nos conocemos en persona, pero seguro que has oído mucho hablar de mí e incluso habrás leído alguna que otra fechoría mía.
Sí, ¡¡exacto!! Ese mismo.
El cabrón que ha hecho que te conviertas en el «Poncio Pilatos» del siglo XXI, de tanto lavarte las manos.
El mismo que te ha regalado ese complemento que tan guay te queda y del que algunos están haciendo negocio y comenzando a marcar moda con diseños súpermegaguais.
Ojalá se arruinen, porque esas putas mascarillas, a mí sinceramente, no me hacen un gran favor. Pero bueno, por suerte hay muchas personas que como yo, parece que no están muy a favor de llevarlas.
Soy ese, el culpable de que ya casi hayas olvidado el calor que se siente con el abrazo de un ser querido. El mismo que te ha obligado a renunciar a los besos, a dar la mano e incluso a cruzar a la acera de enfrente intencionadamente.
Pero no todo va a ser malo…
Os traigo buenas noticias:
Recuerdos de vuestros abuelos. También de vuestros padres. Por supuesto, saludos de tu mejor amiga. Tu vecino, también te manda besos y dice que cuides del barrio. Dile a tu mejor amigo que no llore, que su hermano dice que está bien aquí…
Están todos aquí conmigo, tal y como quise y tal como se cumplió.
He de reconocer que hubo un momento en el que me lo llegasteis a poner bastante difícil e incluso llegué a temer por mi integridad.
Pero por suerte estáis volviendo a esa «nueva normalidad», que os han vendido e incluso más allá diría yo. No sabes qué bien me viene a mí todo ello.
Por eso aquí me tenéis, veraneando con vosotros y preparando un otoño, para el que tengo previsto cambiar su luz y sus colores. Basta ya de ese color ocre y esos tonos pastel que tiñen todo, con esos mantos de hojas secas en las alamedas, en los parques y en los bosques.
Este año quisiera que todo fuese de un tono gris, con alguna que otras sombras negras.
¿Me ayudas?
Bueno, te tengo que dejar (de momento). No es por nada, pero es que tengo mucho trabajo por delante:
Me dejé la playa abarrotada, los restaurantes y terrazas llenos, que hay algunos en los que tengo entrada libre y un sitio reservado en cada mesa.
Nada más terminar, me tendré que ir a dar una vueltecita por las piscinas y por alguna que otra fiesta. Y a la noche, me esperan las discotecas, los gardens y algún que otro botellón.
Un placer seguir aquí a tu lado y darte las gracias, porque si sigues tratándome así, creo esta relación terminará siendo una buena amistad:
Que se acabará justo cuando yo quiera (léase esto en voz bajita).
Por cierto, me llamo Coronavirus, pero me puedes llamar «Hijoputa», ya estoy acostumbrado.
Pero por favor, dímelo sin mascarilla, que hay confianza


