Acto Segundo: «Nana nananá, nanaaana…» (Ya lo decía Raphael…).
En el Acto Anterior…
… Y así pasaron un par de días y visto lo visto decidí irme pal centro, pa la zona de la Puerta del Sol, la Gran Vía y aquellos barrios de gente más pudiente y con mogollones de tiendas, a ver si cambiaba mi suerte…
Y una vez allí…
Copón, ¡¡cuántas luces y cuánta peña por las calles!!
Y es que no me acordaba que estábamos ya metidos en Navidá… Y yo no me había comío todavía ni una mantecá, ni sikiera un almendrao duro, de esos que se quedan el día 7 de Enero todavía en la bandeja que prepara la mama. Quién los pillara ahora…
Deambulé toda la mañana por la Plaza Mayor, pendiente del descuido de alguien a quien pudiese «sirlarle» algo pa poder comer… Aquí los sagales no llevan en la mano ni una torta de sal, ni un bollicao ni na de na. La gente en las terrazas, después de tomarse el aperitivo, no deja ni las bolas de las servilletas de papel… y de propina, jajajajajaja, menos aún. ¡¡Qué ratas!!
Voy por las calles que parezco un penitente, con la cabeza gacha y mirando pal suelo, a ver si me encuentro algo y… ¡Eureka! Me encontré una moneda de 50 céntimos en medio de la plaza, me agaché a cogerla entre el tumulto de gente y me pisaron dos veces la mano: primero un sagal con unas botas de futbol con tacos de aluminio, que ya ves tú ande iría el hijoputa de parte domingo con las botas puestas y un pantalón de tergal, una camisa de cuadros y un chaleco de ganchillo que seguro que se lo habría hecho la penco de su tía-abuela, la soltera. Total, que después de cagarme en la calavera de su padre, me vuelvo a agachar y pasa un peasso pibón de un metro ochenta, con unas piernas más largas que la «Culebra del Riguero», que me puse a mirar parriba desde el suelo y casi me doy la voltereta patrás. Pos total que va la desgrasiá y me clavó un peasso tacón de aguja en toa la mano, que poco más y me la atraviesa. Vi las estrellas, los luceros, el Cometa Halley y creo que hasta a la Perra Layca, me cagonsusmuertos. Que ahora me miro la mano y le parezco a Jesucristo con los estigmas de la crucifixión. Bueno, pues total que después de los dos intentos por hacerme con la dichosa monedita, me encuentro que estaba pegá al suelo con un chicle y al tratar de arrancarla, me levanté una uña que se me quedó del revés… Ale, otra miradita al espacio interestelar y a ver esta vez además de las susodichas estrellitas, toda la galaxia enteraaaaaaaa.
Pero por fiiiinnnnnn, la moneda acaba en mis manos… Me daría por lo menos pa un cafetico calentito en na que consiguiese otro medio dólar. Engañaría así al estómago por un par de horitas, mientras seguía buscándome la vida…
A tomar porculo la moneda… Justo cuando estaba celebrando mi logro, me vino por detrás un carterista rumano que huía de la poli y me dio un empujón que la moneda salió volando, con tan buena suerte que cayó justo delante de mí… Delante de mí, que había una rejilla de alcantarillado por donde la vi alejarse para siempre, como vio Marco a su maire… Pero eso no es na, del empujón me llevé palante a una vieja que iba con la familia, seguramente a ver los puestos de figuritas del belén que plagan la plaza mayor. ¡Que me la he cargao, fijo que me la he cargao! La vieja tenía más años que Noé el del Arca. Fíjate si era vieja que la tía conoció el Mar Muerto cuando éste aún estaba Enfermo… Total que del panchaso, caí encima de ella por la espalda y crujió como si echaras un saco de Petazetas en una safa con agua. Me levanté más rápido que un gato pancharriba y salí pitando antes de que se personasen allí los Munisipales y me reconocieran… Pobre vieja, la verdad.
Sin mis cincuenta céntimos, sin na que llevarme a la boca, con más hambre que el perro de un Afilaor, que le pega bocao a las chispas, pa comer caliente, me fui pa la puerta del sol, a ver qué tal el ambiente por allí. De camino, por la calle Arenal vi a una mujer «rugiando» (rociando) la calle con un caldero con agua… Qué ilusión me hizo ver ese acto, pues me recordó a mi mama y a mi barrio. Total, que digo, voy a pedirle algo pa comer a esta buena mujer a ver si hay suerte:
– Señora, una limosnica, por el amol de dios, deme usté algo pa comer.
Me miró desconfiada al principio, me examinó de arriba abajo y creo que al ver mis pintas y la cara de hambre que traía, se convenció de que era buena gente y que estaba necesitao…
– Espérese un momento, me dijo.
Entornó la puerta y se metió padentro de la casa. Los ojos se me pusieron como a Candy Candy, con una ilusión del copón, porque seguramente esa mujer me iba a dar algo pa comer. Estaba yo más nervioso que Marco en ¡¡»Sorpresa, Sorpresa», aiiiinnnnsssss!!
Por fin se abrió la puerta y apareció la mujer con una Cuchara y un Tenedor de Madera y me dijo, tenga usted buen hombre, «algo para comer…»
¡¡Será puerca la vieja el pijo!! Me di la vuelta con una cara de ransio que flipas y seguí mi camino to enfurruñao…
Pues aún encima, se ve que la vieja me oyó y me dio con to el palo del mocho de fregar en el hombro, que me dejó la clavícula más chafá que la de un butanero. Diossss qué dolorrrr!!
Corre Jose, corre, que aún te endiña otro…
Por cierto y cambiando de tema, supongo que os habréis dado cuenta al ver la foto, pero no os he contao que no ando solo, que desde hace ya unos cuantos días, tengo compañía. Mis dos canes, dos bellezones de animales, que aunque me dan un porsaco que no veas, me hacen mucha compañía y me dan cariño y ciertamente, a falta de un buen abrigo, por las noches nos aberronchamos los tres en algún portal y el calor mutuo nos hace más llevadero el dormir bajo las estrellas… Las dichosas estrellitas de los cojones…
Los encontré en un parque y al verme se acercaron y me fatearon de arriba a abajo y creo que intuyeron que yo era buena gente, jejejejeej. Desde ese día no nos hemos vuelto a separar. Son macho y hembra y claro, ya que íbamos a compartir vivencias, tendría que ponerles un nombre a cada uno: La perrita, que creo que es de raza, es la de color gris y se llama «Pamela», como recuerdo a la de los Vigilantes de la Playa, jejejeeje y el macho, el blanquito, se llama «Chu», que es la abreviatura de «Chucho», porque creo que es de la raza «Nisupa» (Ni su padre sabe de qué raza es). Son dos soles y los quiero un montón. Pero los problemas vienen casi todas las tardes, cuando estamos en el parque rodeaos de mamis dándoles la merienda a sus sagales y tengo que recogerlos para irnos de retiro. Los dos bichos andan por ahí saltando y pendientes del descuido de algún crío pa de un bocao quitarles, aunque sea un resogón de pan. Es entonces cuando me lío a chiflarles y a llamarlos a grito limpio, porque la verdad es que son algo samordos o es que todavía no se han acostumbrao a tener nombre:
– «Chuuuuu»…
– «Pamelaaaaaaaa»…
Y nada, que no hacen ni puto caso… «Chu-Pamelaaaaa», «Chu-Pamelaaaa» y claro, las madres giran todas la cabeza como si fueran la Niña del Exorcista y ahí es cuando se monta el lío… Me empiezan a llamar de to menos bonico y me caen apargates de derecha a izquierda y algún que otro bolsazo en el pescuezo… Ale, otro parque al que no me puedo arrimar… A este paso termino yo desterrao de Madrid en menos de una semana.
Y así van pasando los días y yo echando de menos esas mantecás y esos chatos y esos almendraos duros de después del día 7 de Enero y que a mi mama seguro que aún le quedan en algún cajón… Tengo más hambre que el perro un ciego y paso más frío que un pajarico sin madre, fíjate si paso frío que estoy más tieso que las rodillas de un Click de Playmobil, cagondió. Creo que hasta estoy echando de menos a la Virtu y al calor de sus pechos turgentes y bofos, con esos pezones que tenía, que parecían el timbre de un castillo… uuuufffff, qué mal que debo estar pa echar yo de menos aquella pesadilla…
Pero visto lo visto y dado que a ninguno de vosotros, ni el Espíritu Navideño, ni pollas, ni vuestras conciencias se os han removido lo más mínimo y no habéis dado señales de vida, creo que tendré que seguir intentando salir de esta yo solito… Por cierto, ¿la venta de Papeletas en qué quedó? Seguro que al final os habéis pulío también la recaudación… Caroooooooool, ¿no me dices na?
Bueno, pues como diría Mayra Gómez Kemp: «Hasta aquí puedo leer…» Y hasta aquí mis aventuras o más bien desventuras de lo que va siendo mi vida fuera de la Penitenciaría y que hasta a veces se me pasa por la cabeza el volver allí, traquear a la puerta y decir que soy yo y que «Vuelvo a Casa por Navidad…»
Pero algo me dice que pronto todo va a cambiar y que mi vida en libertad tomará un giro inesperado y empezaré a ver la luz al final del túnel… Espero que no sea el Ave…
Hasta pronto…
Dulce Lokura la Mía… Porque la Vuestra es Mi Pasión!!


