SABINA

A veces nos conformamos con poco… A veces una simple acción es suficiente para sentirnos bien… A veces el estado de ánimo puede pasar del blanco al negro en cuestión de segundos…

Por poner un ejemplo: Imaginaos, o si os ha pasado simplemente tenéis que recordarlo, que tenéis la oportunidad de conocer a uno de vuestros ídolos, a vuestra cantante favorita, a vuestro actor preferido o un personaje relevante a nivel mundial, en el ámbito que sea. ¿Qué sentiríais o qué habéis sentido?

¡Una gran emoción, verdad! Una alegría inmensa e incluso una paz y un bienestar, que os hace sentir bien con vosotros y con la propia vida. Por un momento hasta los problemas o las penas se difuminan tras esa experiencia. Y es que de verdad, a veces nos conformamos con poco, pero sólo a veces…

Yo ayer pude sentir algo similar, algo que me hizo sentir bien, gracias a que pude conocer a una de esas personas importantes, incluso diría que a nivel mundial.

Os cuento:

Vine al hospital a visitar a una de las personas más importantes de mi vida, mi Mamá. Todo bien o todo lo bien que se puede decir cuando uno está en estos lugares. Una itv completa y a ver si prontito está de vuelta a casa.

Pues bien, es aquí donde me encontré con la persona de la que os hablo: Sabina. Una persona que no conozco de nada. Alguien anónimo y sin fama mundial, al menos que yo sepa. No es cantante, ni deportista, ni actriz. Ni siquiera supongo que destaque en ninguna faceta de la farándula o del “artisteo”. No es un alto cargo de ninguna multinacional, ni es política de coche y escolta. No es multimillonaria, ni una magnate de las finanzas. Pero, os puedo decir que para mí resulta una persona importante, de esas que os digo, que te emocionan cuando te encuentras con ellas. ¿Y por qué? Os preguntaréis.

Pues, ¿quizás por el hecho de que tiene casi 100 años?

¿Os imagináis cuánto de experiencia hay en una persona que tiene un siglo de vida? ¿Cuánto se puede aprender? ¿Cuántas cosas te puede contar?

Me emociona como si de un famoso se tratase, el tener enfrente mía una persona tan longeva.

Ayer simplemente la miraba y pensaba… Pensaba muchas cosas, sentía la vida. Sentía lo fuerte que puede llegar a ser el ser humano. Me alucina saber que, aunque al final sea la muerte la que termine ganando la partida, esta persona se lo ha puesto difícil. ¡¡Y me alegro!! Que se joda la muerte y que se lo curre, que no se piense que siempre es llegar y vencer.

Sabina va a cumplir 99 años. Ayer vinieron a visitarla sus familiares desde Santander y nos contaron cositas. Y como me imaginaba, Sabina ha sido una persona impresionante, porque con tantísimas vueltas de reloj, con tantos amaneceres en sus retinas, con tantas hojas del calendario tiradas la basura, ¿qué puedes imaginar?

Sabina es un nombre bonito, pero no sé si os pasa como a mí, sobre esas personas que dices: no les «pega» el nombre. No sé, quizá es una tontería mía, pero no lo relaciono con una persona de cien años. Es como si se llamase Jennifer, Judith o Ruth, jejeje. No son quizá nombres de su época o por ignorancia mía Sabina sí lo es. Pero bueno, la cosa es que le «pegue» o no, el nombre es un muy bonito.

Y la miro y alcanzo a ver el hilo que la mantiene unida a la vida. Parece frágil, como si de un momento a otro se pudiese romper. Pero no. Y es que ese hilo tan débil, es el mismo que la mantiene en pie desde hace otros 50 años.

Sabina, es oriunda de Burgos y desde hace 50 años vive aquí, en nuestra comarca. Una de esas enfermedades raras la obligó, por prescripción médica, a abandonar sus orígenes. Aquel clima frío y húmedo de su bonita tierra natal, que le dio la vida, es el mismo que podría acabar arrebatándosela, si no lo cambiaba por otro más cálido y seco.

Y es aquí donde comenzó a vivir su propia vida. Una vida nueva, en solitario, lejos de los suyos. Ya no podría estar al frente de su tienda de ultramarinos. Y es que Sabina, ha sido una humilde «empresaria». Fue de esas «tenderas» de toda la vida. De las de barrio, de las de libreta y «apúntamelo que en poder paso a pagártelo». Por supuesto, que sin intereses. El único interés, es el que ella tenía porque sus gentes, sus convecinos, pudiesen vivir y salir adelante.

No sé mucho de ella, pero con lo poco que sé, de la media hora que estuve con sus familiares, me basta para imaginarme el resto de su vida y poder resumir 100 años en unas simples líneas. Seguramente la vida le sonrió en lo que a la economía se refiere, pero no hizo ostentación de ello, sino todo lo contrario. Vivió la vida con humildad, entrega, sacrificio y generosidad, hasta el punto de llegar a prestar dinero a aquellos que la conocían y le pedían ese gran favor, no para comprarse un auto o pagar una deuda. Llegó a prestar dinero a personas para poder costear una grave enfermedad o una operación de importancia. Sin plazos, si porcentajes, con el único compromiso moral de devolverlo cuando se pudiese.

¿Qué puede decir eso de una persona?

Me cuentan que Sabina ha sido una persona muy creyente y aun así te asalta la duda y a simple vista puedes no entender el porqué está aquí tan malita. Bueno, supongo que es ley de vida y tanto ella como sus familiares creo que sentirán el consuelo de que su Dios y su fe le han recompensado tanta bondad y generosidad, con 100 años de vida. Sí, lo sé, al final, cuando se acerca el momento, todo debe parecer poco y mil años que viviésemos, nos seguirían pareciendo pocos.

Ayer, me fui feliz a casa. Contento como si hubiese conocido al mayor de mis ídolos. Ver a esa mujer destinar las poquitas fuerzas que le quedan, para intentar incorporarse y robarle un beso a su hijo, me pareció sencillamente un gesto maravilloso.

Y te llama, sin conocerte de nada y te dice guapo y que te quiere, esperando una respuesta similar, que por supuesto obtiene de parte de todos a los que dedica esos alientos de vida. Y se ríe si le gastas bromas y con esa tenue vocecita, que le sale desde lo más profundo de su cuerpo centenario, te quiere hablar y lo consigue. Escucharla es la mejor de las medicinas para el alma. Y aunque estoy seguro que saldrá de esta, espero que más tarde que pronto, cuando le llegue el momento, con su cuerpo hagan como dice la canción:

«Las personas no se entierran, se siembran. Y mis amigos que no me lloren, compren vino y no traigan flores. Si solamente me voy a morir una vez… Me merezco la fiesta».

Y ya me despido, con la felicidad de haber visto la vida de cerca, parándome a pensar, disfrutándola a través de los ojos de otro cuerpo que no es el mío. Pensando en que por suerte el ser humano es bueno, a pesar de aquellos cafres, que se empeñan en demostrar todo lo contrario.

Ayer conocí un ídolo, y aunque no le pedí un autógrafo, ni una foto, me llevo su imagen guardada donde se merece, en ese cajoncito de mi corazón donde guardo los recuerdos bonitos.

Gracias Sabina, por esa lección de vida que me has regalado, sin tú saberlo.

Que la vida te siga sonriendo y brinques esos 100 años y si algún día nos volvemos a ver en esa otra vida, entonces sí… Te pediré ese autógrafo.

¡!Un beso!!

4 comentarios en “SABINA”

  1. Manuel Rocamora Guillén

    Eres un crack,te viene la inspiración donde me se espera,muy bonito lo que haz escrito y bonito homenaje para esa persona anónima pero no por eso importante, gracias hermano en nombre del ser humano, por que esto llega al alma

    1. José María Cuñado

      Emocionante. El Arte encarnando un relato que describe la grandeza del ser humano y que no todo el mundo sabe encontrar en gente sencilla. Muchas gracias por este regalo.

  2. Nada que agradecer José Mari. Me alegro que te haya gustado. Yo disfruté escribiéndolo y sobre todo con la experiencia y la inspiración que me supuso conocer a tu madre. Un abrazo.

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