Siete Vidas tiene un Gato…, pero contigo yo diría que son Ocho.
Apenas el sol comienza a sonreírte y Tú ya plantas tus pies en la calle. Hace fresco, incluso muchas veces frío. Rompe el día a la espera de que el aliento de las personas, que en su trasiego diario de ir y venir, comience a dar calor a las calles y a la vida de este pequeño pueblo…
Con tu bolsa al hombro, con tu almuerzo, tus cosas… y la sonrisa puesta, te diriges al parque en busca de tus «Príncipes y Princesas», con esa mezcla de alegría y miedo que sientes al doblar la esquina; alegría por volver a verlos y miedo por el temor a que alguno de ellos hoy no esté fiel a su cita contigo…
Y ahí están, en el lugar de siempre, recibiéndote con un coro de maullidos, que te suena a música angelical; rabos en alto, firmes como si de la antena que les guía se tratase, pasitos cortos y apresurados, zigzagueo entre tus piernas, se cruzan, te rodean, van y vienen y su maullido te sigue reclamando con premura: «venga mami, que tenemos hambreee»; sus cabecitas mirando desesperadas hacia arriba, con las orejas tiesas, buscando tus manos, tus mimos, tus caricias y por supuesto, buscando la manutención, que sacie un apetito tan voraz, como el de un tigre, hermano mayor de su familia felina. Y es que toda la noche en la calle, sin el cobijo de un hogar que les proporcione calor y cariño, debe ser motivo de sobra para tal magna desesperación de «hambre gatuna».
Y así tus Príncipes, otro día más, quedan atendidos y saciados y mientras devoran sus últimos granitos de pienso, se despiden de Ti con otra canción, esta vez producida por el «ronroneo» que emiten, como la mayor muestra de cariño que puedan regalarte…
Y así con la misión cumplida te despides de ellos hasta la próxima «toma», cual bebés de teta, necesitados del calor y la protección de una «madre», que jamás los descuidará…
Llega la noche y se repite el mismo ritual. Como si llevasen en sus muñecas el más preciso de los relojes, calculan los minutos y a la hora en punto, ya los tienes haciendo guardia en el parque, en el lugar de siempre y es que hasta incluso los he visto ir a esperarte a las puertas del supermercado donde les compras la comida.
Es increíble y maravilloso el contemplar cómo actúas e interactúas con ellos, con esa comunicación, no sé si tan humana por su parte o tan gatuna por la tuya… y sonrío cada vez que os veo, me digo a mi mismo: «estas son las cosas que le dan sentido a la vida». Entonces, me voy a casa feliz, porque Siete Vidas tiene un Gato…, si no está contigo, porque contigo estoy seguro que son Ocho, sus siete más la que Tú le regalas… Hada de los Gatos.
Yoana, este es mi pequeño Homenaje a tu labor, a tu esfuerzo, tu sacrificio y el cariño que das a esos animales. Lejos de hacer caso a críticas irrelevantes y necias, te doy las gracias de mi parte, de parte de Carol y de todo aquel que quiera sumarse a ellas y te animo a seguir adelante con tu compromiso.
Espero que en los momentos de tristeza por la falta de alguno de tus Príncipes, te acuerdes de este escrito y te sirva para sonreír y cambiar la pena por ilusión y felicidad, pues seguro que allá donde vaya ese «minino», se llevará todo tu amor y un trocito de Ti…



Maravilloso. Gracias Yoana por pasarme el enlace. Así eres tú, el hada madrina de los peludos de tu colonia. Y mil gracias Rocayossa por escribir tan bonito de Yoana y sus gatines. Es un Ángel que les guía durante el sitio camino que recién por esta tierra. Espero ver a todos al otro lado del arcoiris.
Muchísimas gracias de nuevo. Me alegro que te haya gustado 🥰