«LO PROMETIDO ES… DUDA»

«Yo, Gregorio, te recibo a ti, Ángeles, como esposa y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, amarte y respetarte TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA».

        Y así se sellaba ante los ojos de Cristo y del resto de seres queridos, la unión entre Gregorio y Ángeles, dando continuidad a la bonita relación que habían comenzado apenas un año y medio atrás…

        Todo genial, todo bonito, todo cariño… Tan maravilloso que incluso ella a veces cría que no era cierto, que era un sueño del que más pronto que tarde despertaría.

        Pero pasaban los días y ese sueño cada vez era más real. Compartir cada instante, cada sonrisa, regalarse el uno al otro lo más preciado que una persona tiene:
        El Tiempo. Porque regalar el tiempo a alguien, es regalarle nuestra propia vida, pues cada segundo, cada minuto, es vida descontada de la cuenta atrás que iniciamos al nacer.

        Y así, amándose, queriéndose, entregándose el uno al otro, sin tener en cuenta nada, ni nadie vivían su felicidad. Porque el verdadero amor y sus momentos primeros, convierte a las parejas en «maravillosos egoístas», que no quieren compartir nada con el resto del mundo que los admira dentro de su preciosa «burbuja». Tú para Mí y Yo para Ti. Hasta que poquito a poco, van poniendo los pies en la tierra y comienzan a hacer partícipes de su dulce momento, al resto de personas que les rodean.

        Quizás fuese ahí, en ese preciso instante de poner los pies en la tierra, cuando Gregorio comenzó a cambiar. Cuando él, a diferencia de ella, salió de su bonita burbuja, con el «pie izquierdo» y al desperezarse y sacudirse ese «maravilloso egoísmo», no lo hizo del todo y con los restos del egoísmo, como caspa sobre sus hombros, decidió que Ángeles fuera suya, solamente suya. Tanto para los ojos de los demás, como para la convivencia con el resto de gentes, ya fuesen amistades de toda la vida, seres queridos o simplemente aquellas otras que pudiesen aparecer en su vida, con el devenir de los días…

        ¡¡Todo cambió!! Todo pasó a ser censurado, controlado y manipulado: sus ropas, su imagen, su tiempo y por supuesto las personas, máxime si eran del sexo opuesto. Y así, poquito a poco, Gregorio se hizo con el poder mental de su «amada esposa», convirtiéndose para mal de ella, en su «Guardián Invisible». Secuestrador de pensamientos, de ideas y pareceres, que a la vista de todos, era el marido ideal, el ser más comprensivo y el mejor de los amantes. Pero lo único que había de verdad en todo esto, es que era todo lo contrario, eso sí, era sin duda alguna el «Mejor de los Actores». El villano, actor protagonista de una historia robada y echa suya, porque sí. ¡¡Por sus cojones!!

        Y así, capítulo a capítulo, la historia fue tiñéndose de negro.

        Ella, secuestrada por su propio marido, aquel que prometió serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad…, todos los días de su vida. Cobijada en un caparazón, que sin querer la hacía sentir víctima de un peculiar «Síndrome de Estocolmo doméstico», que incluso a veces, la hacía excusar el comportamiento de la bestia en que se había convertido su «secuestrador»:

        «Es que está agobiado… Es que en el fondo él es bueno… Es que yo a veces me paso… Es que yo sé que me quiere. Es que, es que, es que…»

        Fue entonces, cuando el tener que salir de casa se convertía en un calvario y Ángeles comenzó a tomar conciencia de su situación y del peligro que su vida corría. Cuando para salir, no tenía simplemente que vestirse, arreglarse un poquito y ponerse mona, no. El salir de casa después de una de las tantas noches de caricias a base de hostias, de piropos camuflados en insultos, en el que «Puta» llegaba a creer que era su nombre de pila. Cuando no poder salir siquiera a por el pan, simplemente con la cara lavada. Cuando en vez de maquillarse, lo que hacía era disfrazarse y si me apuras, incluso diría que era más bien tanatopraxia, esa técnica utilizada para maquillar un cadáver, con el fin de disimular ciertos golpes o heridas y que su aspecto fuese como de dulce sueño. Cuando reniega de ciertas modas y vuelve a usar aquellas antiguas gafas de sol de hace cinco años y que ya no se llevan, pero que como eran de esas de pantalla, podía ocultar mejor esa sombra de ojos en tonos morados y amarillentos con la que había amanecido maquillada a base de golpes. Y buscaba en su neceser, de entre todos, el carmín más rojo que tenía, sopena de parecer más puta de lo que su marido le decía que era. Pero resulta que era el que mejor ocultaría la herida de ese labio partido, por la «hostia de buenas noches», con la que ayer al final se fue a la cama…

        Y sí, piensas en aquel día y te das cuenta de que lo prometido, no es deuda…, es DUDA.

        Pero por suerte llega un momento en el que todo debe tener su fin, en el que te debes dar cuenta de quién eres y lo que eres. En el que si amas la vida, no puedes consentir ni el más mínimo de los desprecios. Porque ante todo, una es persona y es libre. No es ni mucho menos de nadie, por más cosas que le hayan prometido aquel bonito día…

        Porque al final del morado de los golpes, como dice la canción, hay una «Puerta Violeta», que se abre a un mundo mejor, en el que Tú eres la única dueña de tus actos, de tus decisiones, de tus sentimientos… ¡¡De Tu VIDA!!

NI UNA MÁS…, NI UNA MENOS.

        «Día Internacional Contra La Violencia De Género»

        ¡¡¡Pero que no sea sólo hoy!!! Porque por desgracia mañana, pasado y al otro y al otro, seguirá habiendo hijos de puta a los que parar los pies.

        Dulce Lokura la mía, porque…

        ¡¡Una Loca es libre…
        …una Cuerda ata!!

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