Decía el día de Nuestra Boda, nuestro Maestro de Ceremonia, Compañero y Amigo Jero, respecto de la simbiosis que tienen nuestros nombres:
CAROL y ROCA
ROCA y CAROL
Apenas una letra, la «L», diferencia nuestros nombres, si se leen de delante hacia atrás y viceversa:
CARO «L» ROCA
Pero yo, dentro de mi Dulce Lokura, me paro a pensar, lo pienso bonito y me sale que a esa «L», ke quiere marcar la diferencia, le doy la vuelta, la miro en plano y en lugar de una «L», simplemente le veo la forma de una «Esquina» (L).
La misma esquina que aquel día giré para encontrarme con Ella.
La vuelta a la esquina que cambió mi vida, mis días, mi mundo, mi entorno, mi todo…
Bueno, todo, todo no, pues seguí manteniendo lo esencial y sobre todo, seguí manteniendo a quienes siempre me han importado y me siguen importando.
La esquina que aquel día doblé, para cambiar de barrio..
La esquina que cambió mi vida y el sentido de mis pasos…
La esquina de esa calle que no me cansaré de recorrer, arriba y abajo, paseando un Amor tan sencillo como maravilloso; tan bonito como complejo; tan puro como adictivo; tan de ida como de vuelta…
Una esquina que volvería a doblar mil y una veces, si al volver estás Tú otra vez…
La «L»…
La «Esquina»…
Carol, Roca…
Roca, Carol… Y al final: La «Dulce Lokura».


