Al día siguiente de mi suicidio, me di cuenta de que me había enamorado de la vida…
Cuando al día siguiente de mi suicidio, vi al amor de mi vida deambulando sola por los rincones de casa, buscando mi calor, para poder calmar el helor de su corazón. Ese que yo había dejado frío y sin abrigo el día antes. Trataba de encontrarme para saciar con besos y abrazos, su sed de cariño y consuelo, pero no me encontró.
Al día siguiente de mi suicidio, comprendí que me había largado de esta vida como un puto egoísta y lo único que conseguí con ello, fue ver a mi madre llorar amargamente, como si le hubieran arrancado el corazón y se lo hubieran hecho jirones.
Al día siguiente de mi suicidio, vi a mis amigos echarme de menos, como jamás habría imaginado. Ese mismo día, en algunos de ellos, las drogas y el alcohol me suplantaron y en sus planes, en sus sueños y en sus vidas, ahora ya no era protagonista. Pasé a ser un actor secundario y seguramente con el paso del tiempo, pasaría a ser un mero figurante.
¡¡Quizá ese sería un buen premio para un cobarde!!
Al día siguiente de mi suicidio, me explicaba a mí mismo, que había huido de aquí, para dejar atrás una vida, que sentía que me metía prisa por consumirla y conseguirlo todo, ya…
Pero un minuto dura lo que dura un minuto. Así es el tiempo, da igual que corramos o caminemos.
¡¿Para conseguirlo todo?!
Cierto es, que al final conseguí todo… Perderlo todo.
Al día siguiente de mi suicidio, observé a mi perro inquieto, al no escuchar el tintineo de las llaves de casa, cuando en su «reloj animal», para él ya era la hora de verme entrar por la puerta.
Al día siguiente de mi suicidio, ya me había dado cuenta de mi error. Apenas hacía nada que me había marchado y ya os echaba tanto de menos…
Y es que, al día siguiente de mi suicidio, me di cuenta que había olvidado llevarme flores a mi tumba…
Por eso, al día siguiente de mi suicidio, seguí haciendo lo que cada día:
Despertarme y besar al amor de mi vida. Acurrucar mi cara junto a su pecho y sentir el calor de los latidos de su corazón enamorado.
Al día siguiente de mi suicidio, visité a mi madre, como cada día y vi en sus ojos la felicidad, al verme llegar.
Al día siguiente de mi suicidio, hice planes con mis amigos. Para mañana, para pasado mañana e incluso hice planes a largo plazo.
Al día siguiente de mi suicidio, llegué a casa justo a mi hora. Pero mi perro ya no estaba esperándome…
Y entonces, sentí lo que se siente y cuánto duele…
Y es que El Día Siguiente De Mi Suicidio, nunca llegará. Por estas y por otras muchas cosas, que vale la pena vivirlas y disfrutarlas despacio.
La vida no corre, corremos nosotros y no hay porqué…
Porque al día siguiente de mi suicidio…
Me di cuenta de que me había enamorado de la vida…
(Adaptación idea original de Martha Lio)
Dulce Lokura y Feliz Finde.



Buenísimo !!! Como siempre ahondándonos en lo más profundo de nuestro interior, un interior lleno de contrastes pero donde siempre lo bonito de la vida sale victorioso ( …. ó casi siempre )
Muchísimas gracias por tu opinión Ramón. Debe ser complicado en ese momento poder tener ese momento de lucidez necesario para no llevarla cabo esa terrible decisión. Pero bueno, es un reflexión positiva en cualquier caso. Un abrazo!!
Me encanta, bonita reflexion❤️
Bonita reflexión 😉
Muchísimas gracias. Cositas de la vida 😉