¡Soy mi mayor Fan!
Mi mayor Fan-tasma.
Soy fan de mis miedos, de mis temores. Del agobio de mis agobios. Soy fan de mis ansiedades y adicto a sus taquicardias. Soy fan de los dolores de mis días y de los días con dolores. Soy por ello adicto al dexketoprofeno y sumiso al declive hepático, que su acción me regala a cambio. De eso van las drogas…
Soy fan de mi vida y soy fan de la tuya. Fan de la vida de muchos y muchas, que un día me dejaron asomarme al «living room» de sus adentros. Y tanta caradura tengo, que aquel día me quedé a tomar café y aún no han conseguido echarme. Ni yo he conseguido irme.
¡Soy mi mayor fan…!
Soy fan de los “diferentes” (por suerte), a nosotros. Soy fan de sus uñas, de su pelo pululando por casa. Soy fan de sus lamidos, soy fan de sus jadeos y sus ladridos. Soy fan del ronroneo de sus momentos felices. Soy fan de lo que piensan y sienten cuando lo hacen. Soy fan de sus maullidos y de su anárquica personalidad. Soy fan del que vuela libre, y del que nada bajo el agua, sin tener que salir a mirarnos. Soy fan de los bichos, que habitan la tierra. Por eso, a veces soy fan del bicho que me encierra, en un cuerpo de mierda.
Soy fan de los desvaríos, del sinsentido, del ictus consentido en mi sesera…. En definitiva, soy fan de la dulcelokura. Soy fan de pintar historias con frenazos de tinta, en pergaminos de los que no soy tan fan, porque un día fueron arrebatados a un bosque. Ese bosque en el que todos alguna vez, hemos deseado y necesitado perdernos.
Soy fan de la soledad. De tomar distancia para alejarme de mi y no estar conmigo… Para así no entrar en conflicto… Para otear y poder verme desde fuera, como un dron cotilla… Para poder entender por qué soy tan fan mío y si de veras vale la pena seguir siéndolo.
Soy fan del movimiento, de no estar quieto. Soy fan de llegar a tiempo y de las «no esperas». Fan de la cadencia de mis pasos y del vaivén de mi llegar, mientras lo que tú ves es la normalidad de quien se acerca. Soy fan, fan-tasma. Para no verme reflejado en ese espejo, que se empeña en mostrarme mis complejos, y así no tener que reírme de ellos.
Soy fan del odio, sí del odio. De ese que dicen que no es bueno albergar, para poder vivir en paz. ¡¡Al carajo!! Yo soy fan suyo y sí, vivo en paz, con esa dosis de odio entre mis dedos. ¡Pero tranquilo! No es odio a granel. Te hablo de ese odio hacia el maltratador, hacia el que abusa del indefenso. Odio al que humilla, al que amarga como la hiel la dulzura de su antítesis. Esa misma que comparte sus días y le entrega su vida, su tiempo y su cuerpo sí o sí. Odio del que odia por sistema. Odio de las líneas divisorias, de fronteras infinitas, de las diferencias de peso y no del corporal. Del color que tiñe culturas y las hace diferentes e indiferentes. Odio del que no admite, del intolerante, del impositor, del opresor. Odio del traidor y odio del odio, incluso del mío. Lo siento, no debería…, pero no lo puedo evitar, porque luego se me repite… Y odio.
Por el contrario, soy fan de la belleza, de lo bonito. Soy fan de la mujer como mayor exponente de lo bello (con el permiso de ellas). De la imperfecta, también de la pluscuamperfecta y de la más próxima a la perfecta. Soy fan de los feos y feas, que se sienten guapos. De los imperfectos y los humildes, que no anhelan nada físico y superficial. Pero soy más fan todavía de la belleza interior. De esa que envuelve nuestros adentros. Al fin y al cabo, nuestra imagen, es sólo un envoltorio, que terminamos quitando y tirándolo a la papelera, cuando conocemos bien a alguien y vale la pena.
Y sí, lo reconozco, soy un fantasma. A veces incluso de los de bola y cadena, pero soy feliz. ¡Qué le voy a hacer!
Pero de quien de veras soy FAN, es Vuestro. Sois los fantasmas de la peli de miedo de mis días. De la peli “del miedo a perderos”, que la «programación del tiempo», día tras día estrena en mi vida y a mi casi siempre me pilla sin palomitas…
Gracias siempre por estar y consentir mi «DulceLokura», porque dulcelokura la mía y la vuestra.
Ahora ya me tengo que ir yendo con viento fresco, porque como dijo Sabina un día:
«Me esperan en el suelo unos pies, que a veces no se acuerdan de mi».
¡¡Feliz Jalogüen!!
“DulceLokura”


