Lo vivido ayer en Figueras casi no me apetece contarlo, pero creo que debo dejar constancia de ello, porque Paco se merece saber que estamos orgullosos de Él y supongo que Él, también del adiós que se le dio.
¡¡COMO EL AGUA AL FUEGO!!
Así de necesarias fueron nuestras lágrimas ayer…
Inevitable contener la presión dentro del pecho, la emoción, empujada por el dolor hizo el resto. No vi a nadie que no llorase y no una sola vez, sino a cada instante… A la llegada de cada Amigo que se acercaba a despedirse; a cada palabra de consuelo; a cada desfallecimiento; a cada desplome físico. Era imposible contener tantas emociones.
Igual que el agua para sofocar un incendio, así de necesarias eran las lágrimas. Era tal la sensación de fuego en todas esas miradas de dolor, que llorar era la única forma de aliviar esa horrible sensación.
Jamás vi a tantas personas adultas llorar como niños desconsolados. No era poco lo que habíamos perdido:
Era Paco.
Paco el del Be de Gust, Paco el Tío Feo, Paco el Civilillo, Paco a secas, Paco el de la Tere, Paco Pérez Cabana o simplemente, para todos:
Nuestro Paco.
Eran apenas las 3 de la tarde cuando por la otra punta de la Alameda, que da al tanatorio, comenzaban a escucharse rugir las primeras motos, que respondiendo a la llamada de homenaje se daban cita allí.
De entre todas, una destacaba sobremanera, además de ser la más esperada y bonita:
La «Orange Skull», que era traída para despedirse de su Paco.
Lucía espectacular, como siempre la mantenía Paco.
Las 4 de la tarde y al son de los AC/DC, Paco recibía su merecido homenaje, para poco después y escoltado por su otra «media Naranja», detrás de Él, comenzaba su última ruta. Aquella que durante los 18 últimos años se te había negado hacer, en las «Concentras» que organizabas.
¡Qué cosas tiene la vida! Que te hayas tenido que marchar para poder realizar uno de tus sueños.
Viste tus calles por última vez y te pudiste despedir de tu «Be de Gust», la que ha sido tu segunda casa y también la nuestra. Y ya después vuelta al lugar de partida y nuestro penúltimo adiós, porque para Ti nunca habrá un último adiós, siempre será un «¡Hasta luego Tío Feo!»
Ya no me quedan lágrimas que regalarte, ya no quiero llorarte más, ahora necesito recordarte y reír, reír y reír con ello. Necesito curar mi pena y todo el dolor de estos últimos días y eso sólo puedes conseguirlo Tú, ayudándome desde donde te hayas ido a que así sea.
A pocas Personas he querido, apreciado y admirado, en tan poco tiempo, como lo he hecho contigo y algo de culpa digo yo que tendrás.
Jamás nada volverá a ser como antes, pero te prometo que haremos lo posible, para que cuando menos se parezca al máximo.
Ah y por cierto, no te preocupes por tu Cantero, que te la vamos a cuidar y además, nos vemos en la Boda, porque sabemos que vas a estar allí con nosotros.
Gracias por tanto en tan poco tiempo.
¡¡Has sido Muy Grande, AMIGO!!
¡¡Siempre te querré!!


