Hoy, a la mañana, como de cuando en cuando, fui a comprar a la Lonja de la Vida… Nada en especial, cositas de a diario, para pasar el día a día: un poquito de ánimos, fuerzas para desayunar mis despertares, cuarto y mitad de alegría mañanera, y poquito más.
Eso sí, también he comprado una docena de soles de primavera, para esos días en que amaneces con la mente nublada de penitas y necesitas tanta luz como cafeína.
También he comprado un buen montón de pasos firmes, que siempre vienen bien, sobre todo para esos momentos en los que te tambaleas a la hora de decidir qué camino seguir y bueno, no mucho más, ya que como dije sólo fui a por cosas para el gasto…
Aunque eso sí, aproveché algunas ofertas para aprovisionar de víveres la despensa del alma, por si acaso, pues nunca está de más tenerla llenita de ánimos, cariños, amor, fuerzas y energía positiva, entre otras…
Ya de vuelta a casa, pasé por el puesto de las frutas, ese en el que se compran las energías que nos ayudan a caminar y Juan el tendero, como siempre me regaló un zumito con todas las vitaminas del «abecedario», para que la salud no me falte, que esa es otra… ¡¡Qué majo el tío!!
Pero hoy, ya casi a punto de salir de la Lonja, me paré por curiosidad en el último puesto, un puesto en el que nadie atiende, un puesto en el que uno se despacha solo, vamos lo que viene siendo un self-service en toda regla. El puesto de la mala hostia, de la rabia, la soberbia, el enfado, la violencia, todo un bazar de lo oscuro, donde uno puede encontrar todo lo necesario para convertirse en un tirano de primera.
Me picó la curiosidad y me paré a ver a cómo estaba hoy el kilo de «hostias hembra». Joderrrr, pero si están tiradas de precio!!
Un kilo de «hostias hembra», especiales para dárselas a tu pareja, tu novia, a tu mujer e incluso si quieres a tu propia madre, apenas cuestan unos meses de cárcel y que al cambio, si no superan los dos años, ni siquiera pisas sus portales…
Que tu novio o tu esposo te «maquille» la cara a su antojo y te deje «bien mona», con una sombra de ojos color «morado hostión», unos labios pintados de un oscuro color rojo sangre, unos pómulos con un ligero toque rosado de hostia intensa y una bonita gargantilla marcada en el cuello por ese apretón «tan cariñoso», eso, eso también está bastante barato allí, pues con unas oscuras gafas de sol, un jersey de cuello vuelto o incluso unos días sin salir de casa, para que tu vecina la chismosa (esa que puede que un día te salve la vida con su denuncia), no te vea, es suficiente.
Indignado es poco, para expresar mi descontento con esta «Puta Justicia», que se supone nos defiende del mal y de lo ilegal. Me siento como un imbécil con cara gilipollas, creyéndome amparado por mis derechos y los de mis semejantes.
Harto, más que harto de todas esas Campañas contra el Maltrato, la Violencia de Género y los derechos de la mujer.
Harto de que me digan que llamemos al 016 y de que no nos preocupemos, porque no deja rastro en la factura, pero sí que se queda reflejado en el móvil si tu no lo borras (fácil que tu agresor te descubra).
Harto de que nos digan que denunciemos…, de que les digan que denuncien…
Harto de que le digamos a las MUJERES lo que tienen que hacer, así como si no lo supieran y que en el peor de los casos quizás sea que no lo hacen porque no confían en una protección, que les garantice su inmunidad y que quizás también estén más que hartas de esa vulnerabilidad.
Y sí, estoy harto, pero también digo que es necesario y no por harto digo que se tenga que dejar de llevar a cabo, pero igual alguien tiene que tener la última palabra para hacer bueno todo lo anterior y ese alguien es LA JUSTICIA, que es el eslabón ke está fallando en esta cadena y a las pruebas me remito con tres ejemplos recientes:
1.- El agresor de una chica en Alicante, a la que éste la esperaba a su llegada a casa y que fue grabada por las cámaras de seguridad. Brutal, denigrante y vejatorio.
Sentencia: 2 años, que tras ser recurrida, se queda en 9 meses (ni inicialmente habría ingresado en prisión, salvo que ya tuviera antecedentes, que no fue el caso).
2.- El agresor de una menor, en Benidorm, él con 26 años y ella de tan solo 17 años y que eran pareja. Escalofriante la paliza y la humillación a la que es sometida la niña.
Sentencia: 8 ridículos meses (sin entrada en prisión).
3.- Agresión en Barcelona ayer mismo. Un hijo de puta que acuchilla a su pareja, embarazada de 7 meses, la cual es hospitalizada de gravedad y «a la que de momento no le ha pasado casi nada», sólo que el futuro bebé ha muerto a causa de la agresión (evidentemente, comentario irónico).
Sentencia: De momento no la hay, pero el «angelito» está custodiado por la policía y siendo atendido como dios manda en el hospital, pues el pobrecito se autolesionó después de su «machada».
Atado al sol en la terraza del hospital lo dejaba yo, simplemente con un enfermero que cada hora le echase sal y pimienta en las heridas y con una botella de agua donde la pueda ver, pero no la pueda alcanzar. Así hasta que a ella se le olvidase el trauma.
Algo está fallando y esta vez pienso que cada vez en menor grado de culpabilidad somos la sociedad, esa que antes miraba hacia otro lado, ni tampoco las víctimas, esas que antes se callaban y ahora a pesar del miedo, se atreven a denunciar.
No pretendo arreglar nada, porque sé que esto no va a llegar a ningún lado, ni tampoco enseñar a nadie, pero necesitaba «gritarlo», porque cada vez más a menudo estoy sufriendo un tipo de crisis emocional que me hace avergonzarme de algunas cosas de mi país, que son vitales y que me desilusionan…
¡¡Qué pena!!
Ni ETA, ni el yihadismo, ni los accidentes de tráfico (que a veces son inevitables)… La verdadera lacra es la Puta Violencia de Género.
¡¡BASTA YA!!


