«LA SENSACIÓN DE QUE ALGO ME FALTA»

Una tarde cualquiera…,

dos amigos y una habitual conversación telefónica…

Iván y Alex, 15 años de edad y estudiantes de 3º de la E.S.O.

– Hola Alex!! ¿Qué haces?

– Hola Iván!! Nada, aquí en mi habitación, escuchando la música que me descargué de la web que me recomendaste, también liado con el facebook y chateando un rato con los chavales por el messenger. ¿Y tú?

– Pues también, en casa toda la tarde. He estado viendo una peli On-line en una web muy buena, luego un rato en el twenty y también le estoy echando un vistazo al facebook. Pero sabes, me apetece hacer algo distinto. No sé, salir a dar una vuelta, ver a la gente, echar unas risas y quizás hasta si me animo, también un partidillo, ¡¡como cuando éramos chavales!!, pues hace tiempo que no veo a casi nadie, que no sea dentro del insti.

¡Sí, ya! Estaría bien, pero es que me da pereza. Aquí en mi habitación tengo todo y total a los chavales los veo igual por la cam, tengo mis pelis, mi música, sé de todo lo que les acontece y encima ni me tengo que mover… Paso, quizás en otra ocasión… Vale? Nos vemos.

– Va, como quieras… Nos vemos en el insti. Chao.

            … la sensación de que algo nos falta o la realidad subjetiva de que nada nos falta?

            Quizás con esta pequeña introducción no podamos hacernos del todo una idea cierta de qué les está pasando a nuestros chavales, a los jóvenes de hoy en día. Al igual que muchos, terminamos perdiéndonos en sus conversaciones, con términos que ellos asumen como parte de su cotidianeidad y que a muchos de nosotros no nos dicen nada, tales como  facebook, twenty, on-line, web, messenger, cam, whatsapp, twitter…

            Lejos de desmerecer los méritos y el conjunto global de las actitudes de los adolescentes que forman parte de nuestra sociedad y que por supuesto están llamados a defender, soportar y vivir el futuro más inmediato, quiero expresaros dos sentimientos encontrados, que quizás todos ya casi asumimos como normales, pero que deberían hacernos reaccionar al respecto:

            En primer lugar y como protagonista positivo de esos sentimientos, es la evidente y cada vez mejor preparación con la que llegan al mercado laboral, gracias todo ello a la evolución de los distintos sectores que les rodean y a la dedicación que pueden destinar para formarse y que de igual manera, en cierto modo debería influir en su desarrollo y realización como personas.

            En segundo lugar y como antagonista de ambos sentimientos nos encontramos con la falta de principios y valores que se han ido quedando por el camino y que igual podría ser el precio que han pagado y estamos pagando, para que puedan disfrutar y tener a su alcance todo cuanto puedan precisar para estar al tanto de los últimos avances, tecnologías, tendencias, etc. y que de igual modo les permiten «controlar» todo y «vivir» su presente desde las cuatro paredes de una habitación, pudiendo leer, escuchar música, ver cine, hablar y ver a sus amistades, incluso mantener relaciones sentimentales con personas a las que jamás pudieron tocar, sentir, mirar a los ojos o abrazar… ¿Qué más quieren? ¿Qué más necesitan?

            Si echamos la vista atrás por ejemplo veinticinco años, podríamos encontrar respuesta a muchas incógnitas y podríamos así formarnos una opinión que nos hiciera tener una visión más real de lo que realmente está aconteciendo. A veces el dar un paso atrás no es síntoma de retroceso, sino que es necesario y conveniente, porque ese pasito atrás nos puede servir para tomar impulso. Antes se daba una importancia vital a muchas cosas, con la sensación de que igual no teníamos todo lo que queríamos, pero sí queríamos todo lo que teníamos y eso nos hacía valorar todo de una forma diferente. Los amigos se tenían porque se conocían en persona y la amistad se alimentaba con el roce, el cariño, el poder dar un abrazo en un momento de necesidad; el mirar a los ojos a alguien que te pide perdón y ver la sinceridad en su mirada; el reír y el llorar juntos; el escuchar la música en grupo, en una fiesta improvisada y no en la soledad de una habitación y con la complicidad de una infinidad de “artilugios tecnológicos” que hacen que disfruten de todo de una manera anárquica…

            Y así podría enumerar muchos otros valores que cada vez se encuentran más difuminados en sus vidas, tales como las creencias, la fe, las ideologías, la responsabilidad y otros tantos que se ven afectados por la vorágine que les sumerge en la sociedad que les toca vivir, pero de esa forma se haría extensísima esta reflexión, que no deja de ser una mera opinión personal, pero que me lleva a tener…

            … la sensación de que algo me falta.             Quizás sea eso, una sensación y que igual resulta en cierto modo tremendista y carga contra algo que simplemente pueda ser la normal evolución de las cosas y de las propias personas… Pero yo de momento quiero pararme a mirar a los ojos a esa “sensación” que me asalta y pedirle explicaciones que me puedan hacer saber si esto es una verdad o una mentira, pues los años pasan y todo evoluciona y los espejos se hacen viejos, pero aún así siempre dicen la verdad…

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