«¡ESCALOFRÍO!»

Esa cortina del salón era normal que se moviese de vez en cuando, tampoco era de extrañar. Mas aún, teniendo en cuenta que el verano aquí se alarga hasta prácticamente pasada la festividad de Todos Los Santos o «Tos Santos», como solemos decir.

          De ahí que las ventanas y las persianas siempre permanecieran medio abiertas, para ventilar la casa y conseguir que entrase el «fresco», sobre todo para poder ayudar a conciliar el sueño en las calurosas noches del hastío y hacer así más llevadero el interminable y largo verano…

          Pero es que aquella noche del 31 de Octubre, coincidiendo con el plenilunio, el frío nos había visitado de repente y sin avisar. Noche de las ánimas, según me explicaba mi Madre. Esa noche en la que según ella, había que acostarse pronto, para poder madrugar y así dejar temprano libre nuestra cama, para que las dichosas «Ánimas Benditas» pudiesen descansar…

          Las creencias religiosas, sumadas a las distintas «leyendas urbanas», habían convertido esta noche en una «noche especial», rodeada de mitos, e historias cada vez más escabrosas, pero he de reconocer, que resultaban interesantes…

          Historias a la sombra de la tapia del camposanto de un pueblo perdido en cualquier lugar… La leyenda de aquel vecino del pueblo al que nadie dirigía la palabra y que viéndose solo el día de su funeral, decidió pasar factura a todo aquel que no se dignó siquiera a darle un último adiós… Sonidos de la noche…, sombras…, aullidos…, gritos…, desapariciones… y cómo no, apariciones, como la de la famosa Chica de la Curva, con su negra y lacia melena sobre los hombros y su blanco e impoluto camisón, sedienta de venganza…

          Esa noche, muy a su pesar, no iba a ser muy diferente a aquellas otras que forman parte del populismo y del anecdotario terrorífico de todo lo que tenía que ver con los muertos y esa fecha. Es más, incluso diría que seguramente a partir de conocer esta historia, muchos iban a contarla en las noches de Hallowen, para crear ambiente en esas reuniones de amigos al calor de una fogata, en una casa de campo a las afueras de un pueblo cualquiera…

          De la cocina al baño, apenas había ocho pasos. Ocho pasos que a la mitad coincidían con la puerta del salón. Una ligera mirada hacia adentro, mientras descontaba sus pasos… Pura rutina doméstica a la que acostumbraba, pero… Pero al quinto paso se detuvo, pensó y escrutó lo que a su mirada le había parecido ver:
          Las cortinas se estaban moviendo. Hasta ahí, todo normal, pero no, no podía ser. Hacía frío, demasiado como para tener las ventanas abiertas de par en par. Además él mismo las había dejado cerradas desde bien temprano, para que la casa no se helara demasiado. Pero no sólo fue eso, ya que algo más le llamó su atención: un pie!! Bueno, mejor dicho, una zapatilla. Como si alguien estuviese escondido detrás de la cortina… Uuuuffff, todos los fantasmas y pensamientos que rodeaban la historia de esa casa y que antes no supusieron impedimento alguno para comprarla, se le pasaron por la cabeza.

          No, no podía ser… Aquel hombre, el dueño, sencillamente murió de viejo y lo de su esposa, fue un accidente, ya que cualquiera puede atragantarse comiendo «tramusos», cojones.

          Eso sí, que luego su marido entrase en una profunda depresión, no digo que no. Y aquello de que el pobre viudo se dejó morir de inanición, me lo creo, pero lo de que lo hallasen con la boca cosida y casi en estado esquelético, ya forma parte más del pensamiento macabro de las gentes, ya que jamás nadie tuvo acceso, ni a las pruebas que confirmasen tal afirmación, ni a ningún informe forense que lo ratificase…

          En fin, tonterías. Eso sí, aquella visión fugaz le hizo retroceder, para comprobar aquel «flashback» y entender que sólo fue una mala pasada de su subconsciente o que realmente aquella noche tenía invitados poco deseados…

          Pero no, no fue nada… seguramente fue su mente, que estaba juguetona, sobre todo después de juntarse con «María», su «amiga del alma», que cada noche venía a pasar un ratito con él antes de irse a dormir…

          Continuó pues su camino hasta el baño, un «pis» antes de dormir, lavarse los dientes, las manos y peinarse sin gomina, acciones que eran parte de su ritual diario, antes de volver al dormitorio para encamarse.

          Eso sí, de vuelta a su habitación, también había que pasar por el salón, pero esta vez la maniática costumbre de mirar hacia adentro, le hacía dirigir su mirada hacia la izquierda y…

          ¡¡Me cago en la puta!!
          ¡¡Qué mierdas!!
          ¡La puta cortina!
          Volvió a parecerle verla moverse.

          ¿Parecerle?
          ¡Qué pollas! Estaba moviéndose y no poco. Pero esta vez no estaba la zapatilla…

          Con paso firme y decidido, pero no sin desconfiar y con un cierto e inquietante cosquilleo en forma de escalofrío, que le recorría el cuerpo, se dirigió hacia la ventana para comprobar que estaba bien cerrada y dejarse de paranoias y memeces.

          Tres pasos fueron suficientes para darse cuenta de que no, no estaba solo. La zapatilla asomaba justo desde detrás del lateral del mueble bar, que había pegado justo al lado de la cortina.

          Esa zapatilla le resultaba familiar, pero estaba destrozada, como si tuviese mil años o más bien la hubiesen mordido las alimañas.

          ¿Quién hay ahí?
          ¿Quién hostias eres y qué quieres de mí?
          ¡¡Márchate!!
          ¡Nadie respondió! Sólo otro leve movimiento de la cortina, como si alguien estuviese preparándose para abalanzarse sobre él, le hizo ponerse más a la defensiva si cabe…

          Dos titubeantes pasos más y un sudor frío que le recorría todo el cuerpo y…

          Por diossssss, ¡¡nooooooooo!!

          Apenas tuvo tiempo para reaccionar y aquella oscura bestia negra se abalanzó sobre él, enganchándose a su pecho con sus finas garras y como si estuviese hambrienta…

          Le lamió la cara con su áspera lengua, al tiempo que acompañaba su acción con un ronrroneo, que le transmitía todo su cariño y las ganas de jugar con él, su dueño, después de haberse cansado de jugar a destrozarle las zapatillas de estar por casa y haberle dejado las cortinas llenas de enganchones, de andar trepando por ellas como un lince desesperado.

          ¡¡Puto gato de los cojones!!
          Qué ganas tengo de que seas adulto y te dediques a comer, a dormir y a lamerte los huevos. Bola de pelo negro

          ¡¡Susssspeeee!!
          ¡¡Y tira ya pa tu cama a dormir, que no son horas, cabronazo!!

          Dulce Lokura la mía… ¡¡Que no la cura ni un buen plato de gachas con arropeeee!!

          ¡¡Feliz Noche Gentecilla!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba