«CUANDO LA FELICIDAD COMIENZA A DAR MIEDO»

Cuando la vida te mete prisas. Cuando el tiempo se apresura y le sisa minutos al devenir de los días. Cuando la precipitación no significa sólo lluvias…


Es ahí cuando nos hacemos vulnerables, demasiado incluso diría yo. Una ínfima y frágil línea imaginaria, separa nuestro bienestar emocional, del más absoluto caos mental.


Una línea transitoria de fino cristal, expuesta al tintineo de la vida, que puede terminar resquebrajándola, golpeito a golpecito.


Cuando creemos que caminamos cogidos de la mano de la felicidad. Cuando pensamos que dormimos abrazados a ella. Cuando nuestra sombra ha hecho las paces con quien la proyecta y sin darse cuenta, es capaz de caminar a nuestro lado.


Cuando los sueños son el resultado de la raíz cuadrada de la Felicidad. Sin ceros, ni decimales, ni tampoco un: «diez y me llevo una».


Es ahí cuando te das cuenta de que las cuentas de la vida, por fin te cuadran. Cuando entiendes que ese resultado quizás haya sido el rédito obtenido por haber invertido a fondo perdido, amor, amistad y tiempo, en el proyecto que supone una vida, con todo lo que conlleva.


Es ahí donde comprendes y asimilas, que haber conseguido esa felicidad, te concede en propiedad el adjetivo de «Feliz», con la recomendación de «consumir preferentemente antes de…».


Es ahí, cuando te ves a las puertas de conseguir cumplir ese último deseo. El que te gustaría pedir, justo antes de «partir». Para que la respuesta a la pregunta de «si ¿valió la pena?», sea un rotundo:


-Sí.


Es ahí cuando sin previo aviso, comienzas a sentir miedos.


Miedo a que tanta felicidad se acabe y no porque se haya agotado…


Miedo a comenzar a echar de menos algo, que ni siquiera se ha ido todavía…


Miedo a despertar en otro sitio sospechosamente extraño y quieto. Demasiado pulcro y extrañamente ambiguo, que diría yo…


Miedo a que la vida siempre termine dando miedo…

¡Qué putada!


¿Es que tan necesario es ese miedo, para sentirse vivo?


Para entender que el tiempo está para disfrutarlo. Para que cada vuelta de reloj sea aprovechada y así nos cunda la vida.


Sentirse tan feliz, que incluso llegue a dar miedo, es una experiencia tan bonita, como difícil de digerir.


¿Son todos estos miedos quizás la resaca por haber consumido tanta droga…? Bueno, esa droga.


¿Son esos miedos quizás los efectos secundarios de la medicina que cura la tristeza, la pena y la soledad?


A ver si ahora va a resultar, que ser feliz perjudica seriamente la salud…


Pues a mi dejadme morir. Que nadie me cure de nada. Y por dios, no rezar por mi, mejor reíd. Sí, incluso a carcajadas si queréis, que a mí no me va a molestar.


Que ser feliz acabe conmigo, con mis días y con mi propia sombra. 


Luego, amortajadme disfrazado de mí y que me incineren junto a ella. A ver cuál de los dos escapa del fuego y vuelve al lugar del que nunca debió marchar. Por lo menos tan pronto…


Porque por muy tarde que me llegue el momento, siempre se me antojará pronto…


DulceLokura la mía… Y que seáis tan felices, que os de tanto miedo como a mí.


Buen y Feliz finde Gente…


Ahh y si queréis, podéis compartir… Gracias!!

1 comentario en “«CUANDO LA FELICIDAD COMIENZA A DAR MIEDO»”

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